Durante varias semanas en la cartelera culichi, hay algunas películas que se resisten a dejar de aparecer en las marquesinas de los cines de la ciudad, para dar espacio a otras nuevas, aún así alcanza a colarse Estafa de amor (The Brothers Bloom/EU/2008), de Rian Johnson (también guionista de la cinta), una excelente mezcla de aventura, comedia y drama, donde las sorpresas son una constante bien manejadas por el realizador.
Como último atraco, los hermanos Bloom, Stephen (Mark Ruffalo) y Bloom (Adrien Brody), expertos en estafar a millonarios, planean desfalcar a la viuda heredera de una mega fortuna, la excéntrica Penélope (Rachel Weisz), con la ayuda de la casi muda Bang Bang (Rinko Kikuchi, la misma de Babel, 2006), especialista en provocar explosiones, para facilitar el trabajo.
La estrategia es que Bloom corteje a Penélope (con el riesgo de salir enamorado), bajo un plan minuciosamente diseñado por Stephen, quien desde niño aprendió a hacerlos, cuando, para ganarse un poco de dinero, le pide a su hermano que cuente una historia a sus amigos, y los haga llegar a una cueva, donde los niños comprobarían todo lo dicho por Bloom, que, previamente estaba preparado por Stephen, desde luego.
Como no ven posibilidades, al menos a corto plazo, de poder sacar provecho de Penélope, los hermanos deciden dejar la ciudad, sin imaginar que ella se interesa en seguirlos, por lo que tendrán que revelar parte de la actividad a la que se dedican.
La sorpresa es que a la joven viuda, quien para ocupar su tiempo aprende los pasatiempos que los demás realizan, le agrada la idea del negocio de estafar y se vuelve uno más del equipo.
Aunque su forma de proceder no es tan experimentada como la de sus compañeros, Penélope demuestra tener talento, sin evitar, claro, que ellos suden la gota gorda por los pequeños errores que comete.
Finalmente, la intención de los Bloom hacia ella es la misma que al principio, lo malo es que para cuando ya recorren medio mundo entre un atraco y otro (Grecia, Praga, San Petersburgo, México…), es inevitable que Bloom termine con otro interés hacia la chica, así como renunciar al plan; es necesario, pues, hacer el último intento; son muchos y muy peligrosos los riesgos, pero, con suerte, la ganancia puede ser mayor.
Uno de los aciertos de la cinta son las vueltas de tuerca constantes a las que nos expone Johnson: cuando creemos que ya desciframos lo que Bloom, Stephen, Penélope y Bang Bang se traen entre manos, resulta que siempre no, la historia agarra otro rumbo, y si de nuevo creemos que ahora sí dimos en el clavo, otra vez el director nos lleva por otro camino, en donde salta sorpresa tras sorpresa.
Desde luego que hay situaciones que no tienen vuelta de hoja y sabemos perfectamente bien qué sucederá luego, pero son más las veces que sale algo inesperado.
El elenco es otro de los puntos a favor de Estafa de amor, desde Brody con ese aire de seriedad mezclado con astucia y gracia; Weisz, con su insistente ingenuidad, aburrimiento y torpeza; Ruffalo, con su destreza, maestría y seguridad, hasta Kikuchi, con su casi inexistente mención de palabras (salvo por cantar una canción), son un verdadero deleite.
Si a lo anterior le agrega un desfile de excelentes imágenes y una música que no suena nada mal al oído, no puedo evitar decirle que no se la pierda… bajo su propia responsabilidad, por supuesto.
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