Advertisement
El Ejército salpicado PDF Imprimir E-Mail
Redacción   
Lunes 18 de enero de 2010

Generales. Las tentaciones del narco.

>>Nada escapa al poder corruptor del narcotráfico

Al mismo ritmo que el Gobierno despliega la lucha contra el narcotráfico, se desgranan las historias de corrupción de uno de los protagonistas principales de esta batalla: el Ejército Mexicano.

La mayoría de los golpes importantes contra los cárteles de la droga traen consigo evidencias de la penetración que ha sufrido la institución castrense por parte de los narcotraficantes, dueños de un poder económico que ha seducido a mandos militares durante décadas, de niveles casi insospechados.

Sobre todo los narcos sinaloenses, calificados desde la misma PGR como “narcos puros”, han sabido aprovechar ese poder que les otorgan los dólares escondidos en bodegas, sótanos y casas de seguridad, para comprar protección en el Ejército.

Cuando en enero de 2008 detuvieron a Alfredo Beltrán Leyva, por ejemplo, hicieron lo mismo, dos días después, con tres miembros de las áreas de inteligencia y un agente del Ministerio Público Militar que operaban en la Novena Zona Militar, por sus presuntos nexos con el cártel de Sinaloa.

Esto es aquí, pero lo mismo ocurre en otras latitudes. Días después de la muerte de Marcos Beltrán Leyva en Cuernavaca, Morelos, se supo que recibía la protección del comandante de la 24 Zona Militar con sede en esa ciudad, Leopoldo Díaz Pérez.

Y podría hilvanarse un rosario de casos con historias de Baja California, Sonora, Quintana Roo, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz… siempre en el mismo tenor de hombres que se sacuden el honor que debiera guardar el uniforme, con los fajos de dólares provenientes de la mafia.

He aquí dos de esas crónicas.

Ricardo Ravelo / Proceso (*)

Desde que lo encabezaba Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, el cártel de Juárez —una de las organizaciones criminales más antiguas del país— siempre ha contado con la protección de efectivos del Ejército, así como de las policías estatales y federales.
Estos elementos “cuidaban a mi padre y a mi familia” durante los viajes que realizaban en México y en el extranjero, recuerda Vicente Carrillo Leyva, hijo del capo.

Agrega que, tras la muerte de su padre, la dirección del cártel fue asumida por su tío Vicente Carrillo Fuentes, el Viceroy, quien ahora cuenta con una célula de sicarios “mayormente compuesta por ex militares, siempre fuertemente armados, que se transportan en convoyes, están asentados en Chihuahua y se asociaron con Los Zetas, encabezados por Lazca o Lazcano, para atacar y defenderse del cártel de Sinaloa”.

Lo anterior forma parte de la declaración ministerial que rindió Carrillo Leyva ante la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) el 1 de marzo de 2009. Este testimonio se halla integrado en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/097/2004, cuya copia tiene Proceso.

Conocido como el Ingeniero o el Vicentillo, Carrillo Leyva dice tener 32 años y fue considerado por la Procuraduría General de la República (PGR) y la Drug Enforcement Administration (la DEA, Agencia Antidrogas Estadounidense) como el prototipo de la nueva generación de narcotraficantes y lavadores de dinero en ascenso dentro del crimen organizado. Se le acusa de varios delitos tipificados en la Ley Federal Contra la Delincuencia Organizada, como tráfico de drogas y lavado de activos.

Su captura derivó en polémica: la PGR afirma que lo detuvo en un parque cuando realizaba su rutina matinal de ejercicios, pero su esposa, Celia Quevedo Gastélum, sostiene que los agentes lo sacaron de su departamento de la Ciudad de México (Proceso 1711).
Carrillo Leyva declaró a la SIEDO detalles sobre las complicidades de su padre con altos mandos militares; habló de los negocios que su progenitor realizó con policías federales y de los empresarios que, según dice, lo estafaron cuando intentó comprar acciones en la Bolsa Mexicana de Valores primero, y del Banco Anáhuac después.
En su declaración ministerial exhibió parcialmente las entrañas del cártel de Juárez y recordó pasajes de su fundación y describió cómo era su estructura en el momento de su detención. No pasó por alto “el suplicio” que enfrentó, junto con su madre y sus hermanos, para recuperar la fortuna de su padre, El Señor de los Cielos, de la que solo hallaron 7 millones de dólares que tenía guardados en varias cajas fuertes ocultas en distintos refugios y “entre seis y ocho casas”.

También recordó cómo se abocó al cobro de las deudas que distintos testaferros, entre ellos narcos colombianos, habían contraído con Amado Carrillo; igual que se dedicó a recuperar residencias de su familia en todo el país. No olvidó hablar de las relaciones de negocios que trabaron con su padre personajes como Juan Alberto Zepeda Méndez —secretario particular del empresario Jaime Camil y ex pareja de la actriz Ninel Conde— y José Luis Sánchez Pizzini, a quienes Carrillo Fuentes, según el declarante, les entregó 30 millones de dólares para comprar acciones del Banco Anáhuac, con el que diversos políticos, narcos y empresarios hacían negocios.

Relata que esas personas y su tío Vicente Carrillo Fuentes negaron que su padre hubiera invertido, prestado o regalado dinero para emprender negocios con ellos. “No hay nada qué reclamar”, le dijo Zepeda Méndez a Carrillo Leyva cuando le pidió la devolución del dinero que —siempre según el declarante— le entregó Amado Carrillo.

Protección militar

La declaración de Vicente Carrillo Leyva se efectuó el 1 de marzo de 2009 a las 14:10 horas ante José Federico Labastida Simón, su defensor de oficio, y Karina Gómez Sánchez, fiscal federal adscrita a la SIEDO.

Al referirse a la protección que recibía el cártel de Juárez cuando su padre lo encabezaba, Carrillo Leyva detalla cómo estaba constituida la organización criminal, los estados que controlaba y las relaciones que mantenía Carrillo Fuentes con mandos castrenses asignados a distintas plazas de la República.

Desde muy joven Carrillo Leyva comenzó a conocer a las figuras emblemáticas del narcotráfico en México:

Conozco a Juan José Esparragoza, alias el Azul. Lo conocí en el mes de septiembre de 1999, aproximadamente, cuando mi papá fue internado en el Reclusorio Sur por portación de arma de fuego, teniendo yo aproximadamente trece años de edad, quien quedó internado hasta el mes de abril de 1990, ya que Esparragoza Moreno ya se encontraba interno en el Reclusorio Sur, y fue cuando mi papá llegó ahí y cuando lo fui a ver ahí estaba también él…

Cuando salió mi papá dejé de verlo (a Esparragoza), tres años después lo volví a ver en una de las fiestas de la familia… Tengo conocimiento que se dedica al narcotráfico, desde que lo conocí, y entre mi padre y él se decían compadres…

Por cuanto hace a la organización que comandaba mi papá, se encontraba integrada de la siguiente manera: Amado Carrillo era el jefe que se encargaba de la dirección del cártel. Mi padre era apodado El Señor de los Cielos. Le decían así porque le gustaban los aviones y en alguna ocasión llegó a tener dos o tres.

Debajo de él estaba Ramón Alcides Magaña, alias el Metro, quien era el enlace para realizar las negociaciones con los colombianos; enseguida estaba mi tío, Vicente Carrillo Fuentes, alias el Viceroy, quien era el encargado de la seguridad de la organización en todo, desde lo que eran los cargamentos de droga hasta la seguridad personal de mi papá.

Enseguida estaba Ernesto Pulido, quien era el hombre de confianza de mi papá y de mi tío, que se encargaba de la plaza de Ciudad Juárez; Chuy el Flaco era el responsable de Cancún, y también estaba Eduardo González Quirarte como encargado de la plaza de Guadalajara, y quien se jactaba de tener relaciones con los militares.

Según datos de esa averiguación previa, González Quirarte era también el encargado de las relaciones públicas del cártel de Juárez y fue quien logró corromper al general Jesús Gutiérrez Rebollo, entonces zar antidrogas, para que protegiera al capo Amado Carrillo y combatiera a los hermanos Arellano Félix, jefes del cártel de Tijuana, sus acérrimos rivales.

En su testimonio, Vicente Carrillo Leyva añade:

El encargado de la plaza de Sonora era Nicanor Loya, quien siempre manifestaba que Agua Prieta, Nacozari y Hermosillo eran territorios suyos. Jaime Olvera Olvera (quien tiempo después se convirtió en testigo protegido y fue asesinado) era el encargado de la seguridad aquí, dentro del Distrito Federal…

Por cuanto hace a los contactos entre policías locales, federales y militares, entre los estados (en los) que recuerdo se desenvolvía la organización, estaban Quintana Roo, Sonora, Jalisco, Distrito Federal, Morelos, pero (en esta última entidad) no sé quién era el encargado porque yo sólo iba los fines de semana a visitarlo (a su padre) porque en ese tiempo yo vivía en el Distrito Federal…

En un pasaje, Carrillo Leyva cuenta cómo protegían a su padre los efectivos del Ejército:

En una ocasión, siendo el año de 1996, llegamos a Cozumel, Quintana Roo, por la época de Semana santa. Mi papá nos dijo que nos adelantáramos al lugar y que ahí nos iban a recibir unos amigos de él y a tono de broma nos dijo que no nos fuéramos a asustar con las personas que nos iban a recoger en el aeropuerto, preguntando que quiénes eran y no nos quiso decir, solo que nos iban a encontrar a nosotros…

Según el declarante, llegaron a Cozumel en un avión privado. Enseguida, cuenta, “los militares rodearon el avión y al abrir las puertas nos saludaron muy amablemente diciéndonos que venían de parte del general Curiel”. Se refiere al general Gonzalo Curiel García, quien falleció en septiembre de 1995 cuando cuatro aviones de la Fuerza Aérea Mexicana colisionaron en el aire durante una exhibición del día de la Independencia. En ese accidente murieron otros jefes castrenses.

Los soldados —continúa el Vicentillo en su declaración ministerial— los llevaron a un hotel:

Lo hicieron en vehículos oficiales que, recuerdo, (eran) un Jeep y una Suburban, instalándonos en el hotel… Ya por la tarde llegó el general Curiel presentándose y poniéndose a las órdenes; fue hasta entonces cuando supe de quién se trataba, pues era el jefe de la Base Aérea Militar de Cozumel…

Amado Carrillo arribó a Cozumel cuatro días después.

...Y en el hotel donde nos hospedamos se reunió con el general Curiel, donde también estuvo Eduardo Quirarte y, según supe después, fue él quien los presentó, ya que el general había estado en la base aérea de Guadalajara con sede en Zapopan, Jalisco. Quiero aclarar que a mí no me consta que mi padre haya sido traficante de drogas, ya que yo siempre lo vi en casa, en plan familiar.

Carrillo Leyva señala en su declaración que, tras la muerte del general Curiel, acudió a su velorio acompañado de su padre, y ahí conoció a otros militares que resultaron piezas clave para la protección del cártel de Juárez:

Estando en el velorio del general Curiel, tres días después del avionazo, se nos informó que iba a llegar el general Rebollo (Jesús Gutiérrez), del cual Lalo Quirarte, quien se jactaba de ser su amigo, dijo que nos lo iba a presentar, lo cual nunca sucedió, pero después supe por medios informativos que lo acusan de haber colaborado con mi padre.

En la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/097/2004, que contiene las acusaciones contra Vicente Carrillo Leyva, el presunto lavador de dinero del cártel de Juárez describe la estructura actual de la organización que, admite, ahora maneja su tío Vicente Carrillo Fuentes.

Expone:

Actualmente sé que la organización la maneja mi tío Vicente Carrillo Fuentes alias el Viceroy, que la persona que es su segundo se llama José Luis alias el JL o El Dos Letras y que como seña particular cojea de un pie. Él es quien se encarga de la seguridad de la organización en el estado (Chihuahua), quien es un sanguinario y me amenazó de muerte desde hace aproximadamente dos años y medio, porque dice que debí haberme metido al mando de la organización después de la muerte de mi padre.

Al referirse al cerco de protección con el que cuenta su tío Vicente Carrillo Fuentes, Carrillo Leyva señala que la mayoría de los sicarios son ex militares:

Sé que ellos (su tío y el grupo que encabeza en el cártel de Juárez) manejan una célula de sicarios mayormente compuesta por ex militares, siempre fuertemente armados, que se transportan en convoy de cuatro a seis camionetas tipo Durango o Suburban.

(Operan) con tácticas militares, se hacen mencionar gafes o ganfes, que es aeronáutico anfibio. Se aliaron con Los Zetas, al mando de Lazca o Lazcano, para tener más poder y así poder atacar y defenderse del cártel de Sinaloa. Que esto lo sé por pláticas y comentarios que he escuchado por gente de la organización criminal de mi tío Vicente Carrillo Fuentes, a los que me he encontrado en lugares públicos, quienes son de bajo perfil, es decir, choferes, mandaderos o veladores.

A finales de los años noventa, la PGR relacionó a Carrillo Leyva con operaciones de lavado de dinero y le atribuyó la propiedad de las tiendas Versace en Guadalajara, Jalisco, entre otros negocios. Ahora, el Vicentillo señala que la base de operaciones del cártel de Juárez es el estado de Chihuahua, aunque afirma que también opera en Sonora, Chiapas y Oaxaca.

La herencia

Carrillo Leyva detalla en su declaración que, tras la muerte de su padre, intentó recuperar su fortuna, que considera la herencia familiar. No tuvo el éxito que esperaba, pues algunos empresarios con los que su papá hizo negocios se negaron a pagarle; y otros, que fungían como testaferros, se rehusaron a devolverle casas, dinero en efectivo y acciones de diversas empresas constituidas con el dinero del narcotráfico.

El fallecimiento de Amado Carrillo tomó por sorpresa a su hijo:

Una vez que falleció mi padre yo estaba estudiando en el Distrito Federal, cuando me avisa Martín Ríos, quien era escolta de mi papá, que se encontraba muy mal y diez minutos después recibí una llamada de mi tío Vicente diciéndome que ya había fallecido. Esto ocurrió el cuatro de julio de 1997. Me dirigí a la funeraria López, ubicada atrás del hotel Fiesta Americana, percatándome físicamente que efectivamente la persona que se encontraba en el féretro era mi padre.

Después de este suceso comenzó la búsqueda de los bienes de Amado Carrillo Fuentes. Según Carrillo Leyva, esto se hizo entre los familiares y con los socios de su padre, cuyos nombres refiere:

Supe que mi tío tomó el mando de la organización haciendo el reacomodo de la gente a su conveniencia. Dentro de los bienes muebles e inmuebles que él tenía para la operación de la organización nosotros nunca obtuvimos un beneficio. Los bienes de la familia eran entre seis y ocho casas, de las cuales nos repartimos entre mi madre (Candelaria Leyva Cárdenas), mis hermanos y yo, tocándome a mí una casa en Hermosillo y una en Guadalajara. A mis hermanos les tocaron dos casas en Ciudad Juárez, un departamento en Cancún y dos más en Culiacán.

En relación con el dinero de Amado Carrillo, señala:

No se llegó a encontrar, dentro de las cajas fuertes que tenía escondidas, más de siete millones de dólares en efectivo, los cuales nos repartimos en partes iguales entre todos los hermanos, mi mamá y yo, tocándome a mí poco más de un millón de dólares.

Tiempo después hizo contacto con su tío Vicente, al que le preguntó por los bienes de su padre. El Viceroy contestó que “no había bienes de la organización”, pues algunos estaban incautados y otros se habían vendido para subsanar deudas, “dándome a entender que no había nada qué reclamar” —puntualiza Carrillo Leyva.

La mayoría de los deudores y testaferros de Carrillo Fuentes tampoco respondieron. Por ejemplo, por medio de Alcides Ramón Magaña, el Metro, Carrillo Leyva se enteró, según su testimonio, de que un colombiano apodado el Carnitas o el Fritangas le debía a su padre 10 millones de dólares.

Lo tratamos de localizar y nos dijeron que lo había secuestrado la guerrilla colombiana. Dos años después lo ubicaron, reconoció el adeudo y pidió tiempo para pagarlo, pero hasta la fecha no hemos recibido dinero alguno.

En su testimonio, Carrillo Leyva menciona también al comandante de la Policía Federal de Caminos, Alejandro Rostro Almaguer, afincado a principios de los noventa en Morelos, quien le dijo a Amado Carrillo por el año de 1993 que ya se iba a retirar y que deseaba poner un negocio de uniformes para venderlos a la corporación.

El comandante Almaguer le propuso a mi padre asociarse en dicha empresa, en partes iguales, diciéndome mi padre que ese negocio era mío y también las ganancias que salieran, aunque nunca me especificó la cantidad que se invirtió.

Cuando falleció mi papá le mandé a pedir cuentas al comandante, por medio del licenciado López, respecto de la fábrica de los uniformes, respondiendo él que no había nada que aclarar ya que en su momento le pagó el préstamo de la inversión a mi papá.

Carrillo Leyva dice que posteriormente, y por medio de otro policía de Caminos, se enteró de que Rostro Almaguer seguía surtiendo uniformes a la corporación federal.

Vicente Carrillo habla de otro negocio realizado por su padre con Juan Alberto Zepeda Méndez para adquirir acciones de la Bolsa Mexicana de Valores, lo cual no se hizo, dice, porque Zepeda le ofreció comprar acciones en el Banco Anáhuac, negocio en el que implicó a Luis Sánchez Pizzini, un empresario relacionado con Carlos Cabal Peniche.

Tiempo después, el Banco Anáhuac fue intervenido por la Comisión Nacional Bancaria, entonces encabezada por Eduardo Fernández, al revelarse que el cártel de Juárez había comprado la mitad de las acciones del banco.

Tras un largo litigio —en el que, afirma Carrillo Leyva, encabezó la defensa de los accionistas el connotado panista Diego Fernández de Cevallos— el declarante se dirigió a Juan Alberto Zepeda Méndez y Jorge Hurtado Horcasitas.

Me entero por estas personas que el banco tenía problemas de malos manejos desde antes de que nosotros empezáramos la negociación de la compraventa de las acciones, por lo cual es intervenido el banco por la Comisión Nacional Bancaria, representada por Eduardo Fernández, quien tenía problemas personales, al parecer de dinero, con Juan Alberto Zepeda, Jorge Hurtado y José Luis Sánchez Pizzini.

Eduardo Fernández se tomó atribuciones que no le correspondían para afectar directamente al Banco Anáhuac, con lo que nos pasa a afectar a nosotros, por lo que se inició una auditoría, fungiendo como abogado Diego Fernández de Cevallos. Luego supe, por otras personas, que el fallo judicial salió favorable al banco, lo cual tanto Juan Alberto Zepeda Méndez —a quien Carrillo Leyva relaciona sentimentalmente con la actriz Ninel Conde— como Jorge Hurtado han negado.

Respecto del historial de Zepeda Méndez, Carrillo Leyva afirma:

En el mes de julio de 2008 me encontré en un café de la Zona Rosa a Alberto Gallardo Islas, a quien conozco desde hace seis años, y me dijo que Juan Zepeda andaba haciendo gestiones para recuperar un cargamento de efedrina de una gente del cártel de Sinaloa. Me dijo que andaba gastando mucho dinero inexplicablemente…

Sé que Juan Zepeda Méndez hace ejercicio todos los días en el Sport City en Santa Fe en compañía de su esposa Ninel Conde, de quien es representante artístico, y cada vez que va a plazas o a provincia con el pretexto de acompañar a su esposa, aprovecha para hacer negocios con gente relacionada con el narcotráfico.

(*) Texto editado por Ríodoce


Manuel Orozco. Carrera desviada.

El hijo del general

Juan Veledíaz

La casa es de dos niveles con fachada blanca de la que resalta un portón metálico por donde se entra a un garaje para dos vehículos. Está ubicada en la calle Navidad dentro del fraccionamiento residencial Banus, en la isla Musala, una zona de alto costo inmobiliario en el área de centros comerciales y oficinas en Culiacán, Sinaloa. En este lugar en marzo de 2009 el Ejército detectó a un personaje que los llevó a desmantelar una red de oficiales que presuntamente servían de informantes a la organización de Ismael Zambada y Joaquín Guzmán, los líderes del narco que controlan la región noroeste del país. El señuelo fue una serie de llamadas telefónicas intervenidas que llevó a los agentes de formación militar a detectar la residencia meses antes de que la aseguraran. Cuando corroboraron que el hombre que seguían era un antiguo colega suyo, la orden que se recibió desde la Ciudad de México fue que actuaran a la brevedad.

Entonces apareció la “sorpresa”. La tarde del 25 de marzo un grupo especial que salió desde la comandancia de la Novena Zona Militar, rodeó el inmueble e ingreso al lugar donde encontraron dos camionetas de lujo y un auto de modelo reciente; adentro había tres mujeres, todas jóvenes, quienes hacían compañía a Manuel Orozco Ruiz, un oficial que se separó de la milicia para dedicarse a “negocios particulares” y que era seguido por sus antiguos colegas como sospechoso de servir de enlace entre militares en servicio activo y el grupo de narcotráfico que domina la región. El armamento sofisticado que se decomisó en el interior del inmueble, el dinero en efectivo —la vocería de la Operación Conjunta Culiacán-Navolato informó que la cifra fue de 16 mil 500 dólares— más los tres kilos de explosivos plásticos y otros implementos castrenses, aceleró su consignación sin que trascendiera algo más sobre la identidad del detenido.

Este hombre de 31 años resultó ser hijo del finado general de división Manuel Orozco Pimentel, un militar que ocupó importantes cargos en el Ejército, el último de ellos como jefe del Estado Mayor de la Defensa durante la primera mitad del gobierno de Vicente Fox, y quien falleciera de una enfermedad terminal en enero de 2003. De acuerdo con información corroborada con diferentes fuentes del Ejército, Orozco Ruiz siempre fue un oficial inquieto, quien en sus primeros años de servicio, luego de graduarse en los años noventa del Colegio Militar, sirvió un tiempo en el Estado Mayor Presidencial y posteriormente recibió diversas comisiones en el interior del  país, una de las cuales fue en Sinaloa. En la zona se conectó con los grupos del narcotráfico a quienes empezó a servir de enlace desde la capital del estado.

La captura del hijo de quien fuera un importante miembro de la plana mayor del Ejército, llevó a decretar que la información sobre su hoja de actuación, que es el currículum de servicios que prestó en el Ejército durante el tiempo que permaneció en activo, era de carácter “confidencial”. En una solicitud de acceso a la información realizada en junio pasado, la Secretaría de la Defensa Nacional respondió que se había localizado a un  “homónimo” del personaje aludido sin “tener la certeza de que se trate del mismo individuo”. Aun sin tener esa seguridad, la dependencia decretó la reserva de la información debido a que darla a conocer causaría un “daño probable” debido a que la vida profesional y académica de Orozco Ruiz, “implicaría revelar la preparación especial y su desempeño en tareas contra la delincuencia organizada y grupos de narcotraficantes” ya que se trata de quien “tuvo bajo su responsabilidad acciones que afectaron sus intereses”.

Semanas después, a unas cuadras donde el Ejército capturó a Orozco Ruiz, en una residencia del fraccionamiento Salduero, en Lomas del Boulevard, las tropas detuvieron a Roberto Beltrán Burgos, apodado el Doctor, un personaje que fue identificado como “lavador” de Joaquín el Chapo Guzmán y quien quedó preso poco tiempo antes de que el Ejército pusiera a disposición de la PGR a nueve tenientes y un capitán, acusados de filtrar información a las bandas del narcotráfico que operan Sinaloa. De acuerdo con fuentes de la institución, esta captura fue consecuencia de la información que Orozco Ruiz proporcionó a las autoridades ministeriales que exhibió la penetración que entre jóvenes oficiales tenía el narcotráfico en esta entidad de la república.

La historia de Orozco Ruiz y el resto de oficiales detenidos tiempo después quedó como un reflejo de la crisis que para algunos sectores dentro del Ejército se vive en la actualidad entre los jóvenes oficiales, quienes están en primera línea de combate al narcotráfico, y que a consecuencia de los bajos salarios y la baja moral que existe en las unidades que operan en zonas serranas, les resulta más fácil involucrarse con las organizaciones del narco, quienes no dejan de tentarlos con recursos y todo tipo de bienes para que acepten colaborar con ellos.
 

Comentarios
Añadir nuevoBuscar
Para muestra dos botones
El Pelavacas (IP:189.230.139.125) 2010-01-18 22:42:32

Que buen artículo Rio Doce, gracias.

Ojalá los milicos no la carguen contra ustedes por sus excelentes reportajes y análisis.

Saludos.
Y ESO NO ES NADA
MAGASO (IP:201.147.83.166) 2010-01-20 18:13:44

EL DIA QUE AGARREN AL MAYO A VARIOS GENERALES VA A SUDAR!!!!!! PERO EL BOLSILLO.
Cuadras???' de La Isla a Lomas del Boulevard
Yomero (IP:189.174.13.214) 2010-01-22 07:32:11

De cuando acá, Lomas del Boulevard está a "unas cuadras" de la Isla Musala????

Y el reportaje, aunque bueno, no es de Rio Doce, sino de Proceso... chequen como dice

Ricardo Ravelo / Proceso (*)

Saludos
Anonimo (IP:189.171.254.138) 2010-01-22 10:29:14

si en el ejercito existe corrupcion, que pueden esperar de la policia municipal? ellos brindan proteccion a gente, por una couta, esto esta dividido por sectores o mejor dicho por colonia.
Direcciones IP
El simio (IP:201.164.154.171) 2010-02-16 23:41:59

para que publican las direcciones ip en los comentarios?
Escribir comentario
Nombre:
Tí­tulo:

Powered by JoomlaCommentCopyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved.Homepage: http://cavo.co.nr/

 
< Anterior   Siguiente >