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Narcoterrorismo en ciernes PDF Imprimir E-Mail
Paúl Mercado   
Lunes 18 de enero de 2010

Gonzalo Armienta. Población en pánico.

>>El crimen y la corrupción ponen a Sinaloa al límite

Cuando el 20 de mayo de 1992 explotaron coches-bomba en Culiacán, se dijo con insistencia que Sinaloa se había colombianizado, mínimo que se había convertido en “la pequeña Colombia”. Ahora que la crudeza del crimen exhibe ahorcados en los puentes, descuartizados en hieleras o contenedores y asesinatos seriales, las voces empiezan a coincidir en un hecho casi irrebatible: es narcoterrorismo.

Mientras especialistas y formadores de opinión hablan del narcoterrorismo en México y otros lo rechazan, en Sinaloa la guerra entre los cárteles de las drogas no solo ha sembrado el terror, sino que el crimen organizado ha invadido los límites del Estado evidenciando con ello que la corrupción es una de sus fortalezas.

La aparición de nuevas formas de cobrar cuentas entre los delincuentes, ejecutando al extremo de ahorcar en lugares públicos y descuartizar al rival dejando mensajes amenazantes, son señales que podrían interpretarse como el asomo del narcoterrorismo en medio de la disputa por la plaza.

Pero no todos están de acuerdo con esta conclusión.

Ríodoce platicó con el jurista e investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, el doctor Gonzalo Armienta Hernández, quien asegura que no se trata de narcoterrorismo, sino de una expresión que se ha salido de control a partir de la grave corrupción que ha infiltrado a las instituciones de seguridad, principalmente a las autoridades represivas, llámese policías estatales o federales.

—¿El término es exagerado o es una definición exacta de lo que pasa?

—No, yo creo que es crimen organizado, porque hablar de narcoterrorismo… serían actos muy concretos para agredir a instituciones gubernamentales o al Estado, y creo que no hemos llegado a ese nivel; creo que el crimen organizado lo que quiere es trabajar en actos delictivos, obtener regalías, prebendas, pero no tanto combatir al Gobierno. En el país no se pudiera hablar de terrorismo como en comunidades europeas porque no están en contra de las instituciones… quieren seguir trabajando, ganando dinero ilícitamente.

Y explica: “Ya al Gobierno del Estado, y más lamentable aún, al Gobierno federal, se les ha salido de las manos el control para evitar que el crimen organizado crezca; es un fenómeno de nuestros tiempos y no solo de México y Sinaloa, pero aquí se ha recrudecido por la corrupción, e incluso hemos visto cómo se ha hecho a un lado al propio Ejército por esta situación y se ha usado a la Marina en esta lucha”.

Fracasa plan anticrimen


Desde el Congreso del Estado, el diputado Aarón Verduzco Lugo, presidente de la Comisión de Seguridad Pública, dijo que las escenas aterradoras de ejecutados colgando de puentes, los descuartizados en hieleras y el crimen por todo el estado, son muy preocupantes y no se ve por dónde el Gobierno en todos sus niveles pueda ganar esta batalla.

—¿Esa preocupación podría convertirse en un planteamiento desde el Congreso?

—Nosotros (los miembros de la Comisión de Seguridad) comentamos que se tienen que revisar las estrategias de seguridad y que de alguna manera la logística que se ha empleado hasta el momento por los encargados de darnos seguridad no ha funcionado… y que urge replantear un proyecto donde el ciudadano pueda tener paz.

—Hay la percepción de que esto es narcoterrorismo, ¿así lo ven desde el Congreso?

—Sí, el hecho de observar esas escenas, darse cuenta de esa magnitud… y lo que se percibe es que la sociedad está temerosa y está esperando a ver cuándo se pone un alto a esta barbarie en Sinaloa y el país.

Pero el Congreso local no puede ir más allá de un exhorto o de un punto de acuerdo, que en todo caso sería demandar una revisión de las estrategias de seguridad, que se analice lo que no ha funcionado, se deseche y se encuentren medidas que den más tranquilidad en las calles.

Y la razón se la da el Consejo Estatal de Seguridad Pública, que ha declarado a través de su coordinador, Carlos Morán Dosta, que el Operativo Culiacán-Navolato y el Acuerdo Nacional de Seguridad Pública son erróneos para Sinaloa. El propio gobernador Jesús Aguilar Padilla dijo que se busca replantear las estrategias de seguridad para enfrentar la crítica situación que priva en la entidad.

Tufos de narcoterrorismo

La idea de que el narcoterrorismo ya opera en México no es algo novedoso. Cuando en Culiacán se detonaron coches-bomba en Las Quintas y en Colinas de San Miguel, el 28 de mayo de 1992, se empezó a dimensionar la gravedad del narcotráfico en el país y particularmente en Sinaloa, referido desde entonces como “la pequeña Colombia”.

En mayo del 2008 volvió el espanto al darse un enfrentamiento en una casa de seguridad ubicada en la colonia 10 de mayo de esta capital. Durante una hora, sicarios de grupos rivales protagonizaron una balacera que terminó con la explosión de un coche-bomba, elaborado a base de tanques con gas doméstico. Después se encontraron varios coches-bomba armados como lo hacía en esos momentos Al-Qaeda en Medio Oriente, lo que para el Departamento de Justicia de Estados Unidos confirmaba el paso del crimen organizado al narcoterrorismo.

Para el escritor Carlos Montemayor, lo ocurrido en Morelia, Michoacán, el 15 de septiembre de 2008, donde explotaron granadas de fragmentación contra civiles, fue un atentado terrorista: “Difícil tener dudas acerca del atentado: es narcoterrorismo”. Y el argumento es que ocurrió en la tierra del presidente Felipe Calderón, estado donde el mandatario inició la guerra mediática y militar contra el narcotráfico.

Previo a ese hecho, la aparición de “narcomantas” había proliferado en casi todo el país. A través de ellas los criminales denunciaban parcialidad del Gobierno en su guerra contra el narcotráfico. Luego vinieron los granadazos, ejecuciones seriales, ahorcados y descuartizados.

Montemayor habló entonces de la similitud que hay entre México y la Colombia de los 80: “Una fuerza económica, social y armamentista del narcotráfico, por un lado, y la porosidad y corrupción de políticos, de estructuras policiales y militares y algunos cuadros de la administración pública, por otro”.

Pero hay voces en el concierto internacional que estiman impensable que exista o pueda darse una relación entre el narcotráfico y la guerrilla en México, toda vez que los vínculos que más le interesan a los capos del narcotráfico están en las corporaciones policiacas y militares, así como entre políticos y la administración pública, bancos y financieras que les permitan el lavado de dinero.

En esa misma coyuntura, el periodista Ricardo Ravello dijo que México estaba cerca de vivir el narcoterrorismo, la forma más extrema de la guerra contra el narcotráfico experimentada por Colombia en el pasado: “Nada más falta un ingrediente: el narcoterrorismo, pero ya está la saña, la crueldad, los asesinatos, el dinero en la política, candidatos financiados por el narco”, dijo.

Otra de las expresiones del terror derivado del narcotráfico se ha vivido a partir de que los narcos han reclutado a pandilleros de la Mara Salvatrucha de Guatemala. Este grupo tiene en su modus operandi la característica de descuartizar a sus víctimas. En el 2004 se dio a conocer que habían sido reclutados por el cártel de Sinaloa para “limpiar” sus territorios o expandirlos. Los crímenes cometidos en Michoacán, Guerrero y Sinaloa tienen la saña de los maras.

La guerra perdida


La escalada de la violencia en México tiene sus orígenes en el 2001, con el Plan Piloto de Seguridad Pública contra la Delincuencia del presidente Vicente Fox. Para el 2003, el procurador Macedo de la Concha ya hablaba de narcoterrorismo ante la Cumbre Parlamentaria de las Américas, en Quito, Ecuador, donde llamó a “no bajar la guardia” contra ese mal. Dos años después, el gobierno de Fox lanzó el Plan México Seguro, que tenía el propósito de elevar la seguridad y combatir al narco. Informes de Inteligencia de Estados Unidos revelaron ese mismo 2005 que Los Zetas tenían en su poder misiles rusos SA-7, que habrían adquirido para atentar contra Fox.


Felipe Calderón arrancó su gestión con la fijación de combatir a los cárteles de las drogas. Se apoyó en más de 26 mil efectivos del Ejército y los resultados han sido tan pobres que analistas como Ricardo Ravello anticiparon que el Gobierno habría de negociar tarde o temprano con alguno de ellos. De eso hablaban los “narcomensajes” y se habla ahora: que el cártel de Sinaloa es el favorecido.

Ravello considera que el ingrediente principal para llegar al narcoterrorismo es el ingreso del narcotráfico a la política y en México ya está incrustado en las estructuras de poder.

Pero sin duda, los granadazos del 15 de septiembre de 2008 en Morelia han sido un parteaguas. Esa misma noche la Sedena puso en resguardo todas las instalaciones estratégicas para evitar más atentados y declaró que las fuerzas armadas estaban en alerta, pero no calificó los hechos como terrorismo.

Días después, Felipe Calderón habló de impulsar una campaña internacional para hacer conciencia entre los Estados, en el sentido de que la batalla era contra el narcoterrorismo global.

Daniel Samper, columnista del diario El Tiempo de Colombia, escribió una analogía entre México y su país: “Me temo que ya está sucediendo en México algo que los colombianos conocimos: el fenómeno de un poder criminal que intenta corromper o sojuzgar por la violencia a quienes se le resistan”.

Horacio Calderón, analista internacional y especialista en contraterrorismo, presentó un diagnóstico de la situación en el 2009, donde concluye que los cárteles mexicanos son el centro de irradiación del narcoterrorismo y otras formas de crimen organizado en gran parte del continente americano, incluyendo a Estados Unidos.

Pese a este panorama, el doctor Armienta Hernández sostiene que no se trata de narcoterrorismo, sino del terror de la violencia desatada por el crimen organizado, tolerado por la corrupción policiaca.

—El asesinato de un secretario de Turismo, levantones y posteriores asesinatos de policías, ¿no agreden a las instituciones?
—Creo que no, creo que tienen sus motivos muy específicos que los debe aclarar el Gobierno del Estado y el federal. ¿Cuál fue el móvil de ese crimen?, yo estoy completamente convencido que no fue un acto de terrorismo; es un acto como tantos que existen en relación al crimen organizado, en cuanto al trabajo ilícito que ellos están realizando.

El investigador de la UAS insiste en que los sinaloenses están aterrorizados por lo que pasa y cree que el Gobierno no actúa como debe por lo que advierte: “Si permiten que las policías se sigan corrompiendo, esto no va a tener remedio”.

Así pues, académicos y analistas difieren sobre la presencia o no del narcoterrorismo en México. Lo único cierto es que la población vive el terror al ser testigo de la crueldad del crimen organizado, que lo mismo tortura con brutalidad, mutila víctimas y las exhibe colgadas de los puentes.
 

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