
Ismael Bojórquez. CULIACÁN, 18 de agosto de 2008.- Hace diez años, el 15 de agosto de 1998, los tripulantes del barco atunero Azteca III hicieron un descubrimiento extravagante: se encontraban cerca de la Isla Clarión, en el archipiélago de Revillagigedo, a 800 kilómetros de las costas de Colima, cuando el piloto helicopterista, Miguel Ángel Navarrete, y el buscador de cardúmenes, Ernesto Quintero, avistaron una pequeña embarcación que parecía a la deriva. Se acercaron a ella y observaron a un hombre desesperado que clamaba auxilio. Les hacía con una mano, una y otra vez, la señal de la cruz, mientras que con la otra apuntaba hacia el piso de la panga. Se acercaron un poco más y vieron el cuerpo inerte de otro hombre acomodado en el hueco de la proa.
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