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La línea de la SIEDO PDF Imprimir E-Mail
Alejandro Sicairos   
Lunes 17 de noviembre de 2008

>>Con la muerte de Fabián Parra inicia la confrontación.

Aunque se manejan diversas hipótesis sobre las motivaciones del atentado al alcalde de Navolato, donde murieron dos regidores y un agricultor, la SIEDO sigue una línea principal: los Carrillo Fuentes. Mientras, en el Ayuntamiento nadie piensa que Fernando García vaya a regresar a su despacho y ya se adelantan preparativos para nombrar a un interino.

Golpe contra golpe tiende a despejarse el origen de la guerra que libran en Navolato los hermanos Beltrán Leyva y los Carrillo Fuentes, contra Joaquín el Chapo Guzmán e Ismael el Mayo Zambada. Es la disputa de lealtades entre uno y otro grupo del cártel de Sinaloa.

Según investigaciones de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada reveladas a Ríodoce, este episodio de la confrontación entre los segmentos escindidos del cártel de Sinaloa tiene su origen en la inclusión de Fabián Rodríguez Parra como oficial mayor del gobierno que preside Fernando García Hernández.

La organización Beltrán-Carrillo, que busca mantener el dominio de Navolato para sus operaciones, le había advertido al alcalde navolatense su inconformidad por la designación de Fabián Rodríguez como oficial mayor.

Con una carrera policial bajo la sombra de Jesús Antonio Chuytoño Aguilar Íñiguez, quien a partir del asesinato de Rodolfo Carrillo Fuentes, el 11 de septiembre de 2004, dejó el cargo de director de la Policía Ministerial, la alianza Beltrán-Carrillo ubicó a Fabián Parra como una concesión dada al grupo contrario en el gobierno de Navolato.

Al menos en dos ocasiones, los Carrillo le habían pedido a Rodríguez Parra que se definiera si estaba con ellos o con los adversarios. “Él contestaba que no estaba con nadie, que en el servicio público estaba con el alcalde”, afirma un amigo cercano del entonces oficial mayor.

Fabián Parra se había convertido en el principal consejero del alcalde Fernando García en materia de seguridad pública, hasta que el pasado 20 de octubre fue asesinado mientras cenaba en una carreta de hot dogs en la comunidad Villa Ángel Flores, La Palma.

Detienen a Cruz Carrillo

En las pesquisas en torno al caso, la SIEDO sostiene la hipótesis que el gobierno de Navolato señaló a los Carrillo Fuentes como probables autores intelectuales del homicidio del oficial mayor, culpando directamente a Cruz Carrillo Fuentes.

El 27 de octubre Cruz Carrillo Fuentes fue levantado en su domicilio ubicado en la zona urbana de Navolato, hecho que la familia atribuye a elementos del Ejército y de la Policía Municipal, aunque la PGR no descarta que el secuestro lo hayan cometido sicarios al servicio de Joaquín el Chapo Guzmán.

Desde la desaparición de Cruz Carrillo, el alcalde Fernando García recibió amenazas de muerte, pero las desestimó. Conforme a testimonios, el agricultor César Villaescusa Urquiza, le advirtió a su hijo, el regidor César Villaescusa Gastélum, que no se subiera a la camioneta oficial del presidente municipal porque sobre él pendían advertencias de un atentado.

Pero desoyendo su propio consejo, Villaescusa fue víctima del ataque que sufrió junto con el alcalde el 5 de noviembre, cuando regresaba del ejido La Bandera, acompañado de su hijo, el regidor César Villaescusa Gastélum, y por el también edil Jesús Andrés Carrillo Ramírez.

Leonel Aguirre Meza, presidente de la independiente Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa, confirmó que el 28 de octubre la familia Carrillo Fuentes interpuso ante ese organismo una queja por la desaparición del hermano menor del llamado Señor de los cielos.

Conforme a lo expresado por los quejosos ante la CEDDHS, un grupo armado integrado supuestamente por militares y acompañado por una patrulla de la Policía Municipal, donde iba el ex comandante Germán Ceniceros y otros agentes, irrumpió en el domicilio de Cruz Carrillo, en la zona urbana de Navolato, llevándoselo sin presentar orden de aprehensión ni justificar esa acción.

Aguirre Meza dio a conocer que a esa persona la han buscado en instalaciones militares, de la Procuraduría General de la República y de cuerpos locales de seguridad, pero responden no tenerla en calidad de detenido.

La misma denuncia la pusieron los Carrillo Fuentes ante la Procuraduría General de la República, sin recibir respuesta, hasta el pasado viernes, sobre el paradero de Cruz Carrillo Fuentes.

Ante ese dato, la PGR sostiene como línea de investigación central que el atentado contra el alcalde, los dos regidores y un agricultor de Navolato, fue en respuesta al Gobierno, creyendo el cártel de Navolato que el Ejército se había llevado a Cruz Carrillo.

Incluso, considera que los Carrillo Fuentes habrían ordenado el operativo para robar un cadáver carbonizado de las instalaciones del Servicio Médico Forense de Culiacán (Semefo), creyendo que eran los restos de Cruz Carrillo.

Hasta ahora, la fiscalía federal desconoce si el cuerpo, cuyos datos primarios coinciden con los del hermano del Señor de los cielos, es en realidad el de quien ha sido reportado como desaparecido.
 

Nadie cree que regrese Fernando García

El desbarajuste

En Navolato gobiernan el miedo y el crimen organizado. Ni siquiera son poderes paralelos porque el poder fáctico lo tienen los cárteles de las drogas y el control político lo ejercen, amedrentados, los sustitutos y suplentes que no quieren pero la ley los obliga a asumir los cargos.

Pulverizadas las instituciones públicas emerge el narcotráfico como fuerza dominante. Nunca antes un mandato constitucionalmente erigido había sido disuelto en el Sinaloa moderno a base de plomo y fuego.

Nada borra el terror. Ni los convoyes militares que recorren la cabecera municipal y las comunidades, ni los contingentes de la Agencia Federal de Investigaciones que tratan de desentrañar las causas del ataque al Gobierno municipal.

“No se puede vivir así. Navolato, más que miedo, lo que necesita es firmeza para exigir justicia. Los navolatenses debemos levantarnos del miedo para reclamar, ante quien corresponda, que vuelvan la paz y la legalidad”, considera el regidor perredista Francisco Petris Villegas.

Pero no. Entre más se desvanece el Gobierno municipal, el desconcierto se impone como consecuencia de la anarquía que provocan las armas, las amenazas, los rumores de que habrá nuevos atentados contra funcionarios.

“Es tu turno, despídete hijo de tu p… madre”, le dijeron por teléfono la semana pasada a un integrante del gabinete municipal, colaborador cercano del alcalde ausente. Después del atentado en que salió herido García Hernández, y en el que perdieron la vida los regidores César Villaescusa Gastélum y Jesús Andrés Carrillo Ramírez, tres funcionarios de primer nivel han recibido amenazas de muerte.

Uno de estos colaboradores de García Hernández, la contralora municipal Sofía del Carmen Plata Ochoa, expresó su deseo de renunciar por el temor que le provoca ejercer esa función, tras amenazas realizadas en su contra.

Por más esfuerzos que se hacen para tapar los huecos de poder que el narcotráfico ha abierto en el Ayuntamiento de Navolato, todo el Gobierno luce colapsado en el pavor, en la incertidumbre. El 12 de noviembre, para esconder un poco la devastación que sufre el Gobierno, se le dio posesión a Héctor Adrián Murillo Monge, un especialista en asuntos de informática, como sucesor de Fabián Rodríguez Parra, el oficial mayor que fue asesinado en Villa Ángel Flores el 20 de octubre.


Suplencia forzada

Fue difícil que el alcalde Fernando García Hernández convenciera al secretario del Ayuntamiento, Juan Manuel Bautista Lugo, que asumiera la Presidencia Municipal por ministerio de ley. “Hazlo, en tanto decido qué hacer”, le dijo el presidente, que se encuentra resguardado en un lugar secreto.

Bautista Lugo condicionó a que solo le cubriría por diez días la ausencia al alcalde. Reciente el ataque violento que mutiló la estructura gubernamental del municipio, los cargos públicos son ahora sinónimo de peligro, de intimidación, de muerte.

En realidad, nadie cree que García Hernández se reincorpore a la Presidencia Municipal. “Es un escenario muy complicado que él tendrá que resolver. Si regresa, ¿cómo va andar?, ¿protegido por un impresionante aparato policiaco? ¿Quién va a querer asistir a un acto público presidido por el alcalde, sabiendo que se corren riesgos?”, reflexiona el regidor panista, Gilberto Albriano Gaxiola Villa.

Los mismos colaboradores del alcalde dan señales de que los diez días de ausencia de este son solo una estrategia para determinar quién será el interino. Abiertamente se promueven para sustituir a García Hernández, el diputado local Evelio Plata y el síndico procurador Miguel Calderón.

De acuerdo con la versión que Evelio Plata ha divulgado, García Hernández habría expresado ya a un grupo de diputados priistas la determinación de no retomar la Presidencia Municipal por motivos de seguridad personal.

También el síndico procurador ha sostenido encuentros con miembros del Ayuntamiento y con regidores del PRI, PAN y PRD para consensuar apoyos a un eventual interinato. Todo indica que en el primer círculo del equipo de García Hernández ya se determinó que no regrese al cargo que ganó en la elección del 14 de octubre de 2007.

El alcalde, que ha convertido su ubicación en un secreto inviolable, pidió permiso por diez días naturales, contados a partir del pasado 10 de noviembre.

Rige el pánico

La alarma bajo la que funciona a medias el gobierno de Navolato se dejó sentir en la sesión de Cabildo del miércoles de la semana pasada, la primera que se realizó después del atentado en que salió herido el alcalde y murieron dos regidores y el agricultor César Villaescusa.

Excepto los periodistas que cubrían el evento y los atemorizados funcionarios municipales, solo acudieron los regidores. Ningún habitante, ninguna gestión, ninguna interferencia en la reunión en la cual —entre llanto, tristeza y miedo— cubrieron los vacíos dejados en el cuerpo edilicio por los dos regidores y el oficial mayor asesinados.

“Antes podíamos salir a convivir en la plazuela; hoy tenemos miedo porque no sabemos qué nos espera. Es por eso que nos necesitamos unidos, todos, instituciones y ciudadanos, para sacar adelante esto”, expresa la regidora Leticia Lugo, de la fracción de Acción Nacional.

Antonio Palafox, edil priista, manifiesta que el ataque en contra del alcalde y los regidores “no debe hacernos débiles, tiene que volvernos fuertes. En vez de sentirnos vulnerables, debe hacernos fuertes porque ahora estamos más comprometidos con Navolato. Si no, ¿para qué gobernamos? Nuestro primer deber es garantizarles seguridad a los navolatenses”.

Rehenes de la zozobra, los regidores guardaron para otro tiempo sus diferencias políticas. “Es un hueco muy grande el que le hicieron al gobierno de Navolato. Ya éramos un Cabildo compactado, ya éramos amigos. Tenemos que salir adelante, tenemos que recuperarnos”, dice por su parte Amelia García.

Sin embargo, en el despacho de Fernando García, y en todas las oficinas del Ayuntamiento, despachan el desaliento y la turbación. Todos temen que la embestida criminal contra el gobierno de Navolato no haya acabado aún, como lo advierten las amenazas anónimas que hacen temblar todo el Palacio Municipal.



 

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