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Atisbos de conciencia PDF Imprimir E-Mail
Ismael Bojórquez   
Lunes 21 de julio de 2008

Está costando mucho, muchas vidas, mucha zozobra; terror en los hombres y mujeres de la entidad, luto en los hogares, pero parece que al fin los sinaloenses están cobrando conciencia de que no se puede vivir en estas condiciones. Antes las protestas de los jóvenes tenían que ver con demandas económicas, políticas también, con las libertades, por el subsidio para

la UAS. Y muchas veces se llenaban las calles y hasta se radicalizaban no sólo los discursos, sino las acciones.

Es imposible saber si alguien, por aquellos años de los setenta, pensaría que las condiciones que provocaban la inconformidad de la gente se agregaría un elemento que ahora ocupa todos los días las primeras planas de los diarios y los principales espacios de los medios electrónicos: la violencia y el narcotráfico. Pero además, que se convertiría en uno de los elementos principales de la crisis de un gobierno.

Es lo que está ocurriendo ahora en Sinaloa, a partir de que la violencia generada por la guerra de los cárteles de la droga ha estado alcanzando a gente inocente, entre ella a niños y mujeres.

Nunca un gobierno estatal se había visto tan desdibujado como el de Jesús Aguilar Padilla, ni había generado tantas contradicciones en su seno. Nunca, a pesar de que al ex gobernador Antonio Toledo Corro hasta se le relacionó con el narcotráfico, y se le acusó de proteger a Miguel Ángel Félix Gallardo. Nunca, a pesar de que a Francisco Labastida el Ejército le tomó las policías de Culiacán y a sus mandos, mientras él buceaba en el Mar de Cortés. Nunca, a pesar de que Renato Vega huevoneaba todos los fines de semana en Altata mientras Sinaloa se desangraba. Nunca, a pesar de que Juan Millán le entregó a los narcos las estructuras policiacas de su gobierno e impulsó como ningún gobernador la narcopolítica.

En mayo de 1992 estallaron en Culiacán dos coches-bomba, y los hechos estremecieron a Culiacán, retumbaron en Sinaloa y alertaron a las autoridades federales, que ese mismo día acudieron a esta ciudad a indagar el origen de las explosiones. Pero no provocaron una crisis de gobierno. Meses después fueron las elecciones por la gubernatura, y el candidato del PRI, Renato Vega, ganó con amplio margen.

En septiembre de 2004, en plena recta final del proceso electoral, fue asesinado Rodolfo Carrillo Fuentes, hermano del Señor de los Cielos y con ello se destapó la cloaca en las policías estatales, pues el jefe de seguridad del capo era Pedro Pérez López, entonces comandante de la Policía Ministerial. Y esto generó una animadversión pocas veces vista contra un gobernante (Juan Millán Lizárraga) por parte de los ciudadanos, que se reflejó luego en los resultados electorales, pues el PRI ganó con tan escaso margen que tuvo que obtener el triunfo en el Tribunal Federal Electoral.

Ahora es distinto, pues a la conciencia de los ciudadanos respecto a la gran corrupción que existe en las estructuras del Gobierno, viene a sumarse el pánico y el terror por la violencia que hay en las calles y además, el hartazgo ante la impotencia que muestra el Gobierno para controlarla. La gente empieza a abandonar esa actitud de complacencia y hasta de complicidad silenciosa con el narcotráfico para protestar. Son incipientes estas protestas, pero, debido a la profundidad del problema, lo más probable es que se esté formando apenas una bola de nieve.

 

***

 

El problema para Jesús Aguilar Padilla es que, a diferencia de lo que les ocurrió a Labastida y a Millán, cuyas crisis las vivieron al final de su mandato, a él lo atrapa a la mitad del camino. No tiene, entonces, el pretexto de que él ya se va y la comodidad de dejar el problema a su sucesor. Jesús Aguilar, quiera o no, debe tomar el toro por los cuernos y enfrentar, primero, la crisis que se ha generado en su gobierno. La movilización (el paro de labores ‘es un movimiento’) de policías ministeriales demandando mejores condiciones de trabajo es sólo una expresión de esta crisis. Y no han aflorado otras porque el propio gobernador las ha estado sofocando. Pero pregúntese al procurador cuántas veces le ha presentado la renuncia al gobernador. Y véase la deserción de policías municipales (en Culiacán, Salvador Alvarado, Guasave y Navolato) y estatales. Y si el Congreso del Estado no ha asumido su papel para exigir cambios de fondo en las políticas de seguridad del Gobierno estatal, es porque el soborno de algunos diputados (conocido en la jerga política como maíz) le ha estado dando resultados a la mayoría priista.

Hay otras expresiones de estas crisis del gobierno, tal vez más sutiles, pero con un fondo todavía más profundo: la reacción de los empresarios. No es común que un hombre como Juan Manuel Ley diga que la violencia está teniendo un impacto muy grande en todos los sectores de la economía. Esto refleja la inquietud que existe en la clase empresarial, uno de los soportes históricos del stablisment. Lo puede decir la Canaco, la Canacintra; se supone que para eso están. Pero no un empresario como el Chino, sin que lleve esto un significado de otra envergadura.

Y una más: la parálisis que ha hecho presa del Gobierno. No se puede, ante los niveles de violencia que tenemos en Sinaloa, con masacres como las de Guamúchil, o la del taller en la colonia Los Pinos, o la de policías federales en mayo, o la de policías estatales y municipales en Villa Universidad, permanecer impasible. Aunque sólo fuera para mandar señales, el gobernador debió, desde hace varias semanas, pedirle la renuncia a varios de sus funcionarios de primer nivel. Y no es que esto vaya a resolver el problema, sino que tiene que haber una reacción por lo menos al interior del Gobierno.

 

Bola y cadena

 

Y VALE MÁS QUE EL GOBERNADOR tome medidas y no espere que sean tomadas en otras esferas del poder. Los expedientes del PRI no son tan limpios cuando se habla del narcotráfico, aunque Juan Camilo Mouriño, por otras razones, haya tenido que salir a desmentir a su propio director del Cisen que había dicho días antes que podría haber legisladores conectados con el narco.

 

Sentido contrario

 

SI LAS MANIFESTACIONES DE PROTESTA (eso de que no hay que llamar a

la D-20 manifestación ni protesta es de un esnobismo ramplón) crecen, será un buen momento para que nazcan nuevos líderes, pues ahora, por desgracia, no se ven por ningún lado. Y este Sinaloa nuestro, por desgracia, necesita muchos.



Juan Manuel Ley. Pesa la voz.


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