Los imperios nacen, crecen, se expanden y tarde o temprano mueren
Paul Kennedy es autor de uno de los libros que ya se ha convertido en un clásico moderno de la historia de los imperios. Su primera publicación fue en 1988 y ha sido traducido a 26 idiomas. Nació en Wallsend-on-Tyne, en el norte de Inglaterra, y estudió su bachillerato en historia en Newcastle. En los años sesenta pasó a Saint Antony's College, en Oxford, donde hizo su doctorado en Historia. Actualmente trabaja en la Universidad de Yale, EUA.
Kennedy es de los historiadores que buscan encontrar las claves de la historia, explicar además de comprender, rastrear el por qué, además de qué, el cómo y el cuándo.
Al empezar a escribir su obra, su tema era el moderno estado europeo, un panorama de 500 años hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Los acontecimientos que vivían EUA en 1983; una creciente carrera armamentista entre la URSS de Breshnev y el Estados Unidos de Reagan lo hicieron cambiar de opinión y agregar un capítulo más a su libro hasta la época actual (1988).
La decadencia de Estados Unidos, según Kennedy, se debe a que el país vive una sobreexpansión estratégica, como la de los Habsburgos en el siglo XVII y la Gran Bretaña en el XIX. Un país con muchos flancos y demasiados compromisos.
En el libro se examinan las relaciones entre el poder militar y el gasto económico. Una mirada a la situación económica de Estados Unidos muestra que el país tenía (en la década de los 80 del siglo pasado) un enorme déficit federal y comercial, y una deuda —privada, comercial, empresarial y nacional— gigantesca. Y aunque es impresionante el poder y la tecnología de los portaaviones y los bombarderos B1 de Estados Unidos, Kennedy sigue pensando que la “sobreexpansión” es una cuestión abierta. La debilidad económica que Kennedy observaba en los Estados Unidos de la década de los ochenta del siglo pasado, se ha traducido en estos días en crisis financiera.
Estados Unidos tiene bases militares en cuarenta países e instalaciones navales en otros diez. Parece una prueba evidente de poder. Hay que retroceder a los imperios británico o español para encontrar algo remotamente parecido. Pero, ¿cómo se va a mantener esta estructura durante un periodo prolongado? Y sin embargo, ahora los estadounidenses están orgullosos de su ejército y les complace el bajo costo relativo de la guerra.
El destino de los imperios, a menudo, se decide por la relación entre guerra y deuda. Ocurrió con el Imperio Británico, cuyas finanzas se deterioraron a partir de la Primera Guerra Mundial, y con la URSS. La derrota en Afganistán y la carga económica que supuso tratar de responder al programa de la guerra de las galaxias de Reagan fueron factores cruciales que contribuyeron al desmoronamiento soviético. A pesar de su insistencia en su excepcionalidad, EUA no es distinto. La guerra de Irak (han gastado más de 600 mil millones de dólares) y la burbuja crediticia han herido de muerte su hegemonía económica. EUA seguirá siendo la mayor economía del mundo durante un tiempo, pero serán las potencias emergentes las que, una vez que la crisis haya pasado, comprarán lo que haya quedado intacto entre las ruinas del sistema financiero estadounidense.
Vivimos un momento histórico: se deteriora el liderazgo político y económico de Estados Unidos en el mundo. Se puede dar un giro geopolítico tan importante como lo fue la caída de la Unión Soviética. Releer el libro Auge y caída de las grandes potencia en estos días, creo que es una necesidad.
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla