Guerrero y profesional PDF Imprimir E-Mail
Fernando Ballesteros   
Lunes 31 de enero de 2011

GUASAVE.- Bien dicen que en playoffs es donde los hombres se separan de los niños. Y como en la vida, la cuestión mental es determinante entre el éxito y el fracaso. Esta campaña vimos cómo el jardinero cubano Amaury Cazaña, aun con el duelo del fallecimiento de su madre —a quien ni siquiera pudo decirle adiós en el sepelio en la Isla—, se levantó para seguir jugando y a los dos días todavía mostrar un gran nivel durante la recta final con los Tomateros de Culiacán.

En Guasave hay un caso reciente de profesionalismo, valentía, coraje… y éxito inusitado. No, no se trata del cácher José Félix, quien abandonó el equipo cuando más lo necesitaban.

Señores, nos quitamos el sombrero ante San Alan Guerrero, el “apagafuegos” de tan solo 23 años de edad, que tuvo la desgracia de perder a quien iba a ser su primer hijo. Sucedió en plena serie semifinal ante los Tomateros de Culiacán, cuando su esposa perdió al bebé con cuatro meses de embarazo.

El Club Algodoneros se enteró de la situación, ya que la esposa de Alan tuvo que ser internada en Los Mochis mientras el nativo de Torreón se encontraba en Guasave, listo para salvar el quinto juego de la serie ante los guindas (aquel duelazo de 2-1).

“Le dijimos que admirábamos mucho su gran profesionalismo”, me comentó un directivo de los Algodoneros. “Y él, con humildad, nos respondió: ‘No, la profesional es mi esposa, ella me pidió que viniera a seguir lanzando’”.

Peloteros como Alan hay muy pocos en el beisbol mexicano, ya que no solo es mostrar profesionalismo. También se trata de sacar el carácter, de controlar el aspecto mental y terminar sublimándose, algo de lo que adolecen los atletas mexicanos en los diferentes deportes (menciones aparte merecen Joakim Soria, Ana Guevara y Lorena Ochoa en su momento, Vinicio Castilla como bateador y si nos remontamos más atrás, los contamos con los dedos de una mano, JC Chávez, Hugol y el Toro Valenzuela).

OLI… Gil Meche, un lanzador que firmó un contrato parecido al de Óliver Pérez (le restaban 12 millones de dólares en 2011), decidió retirarse y prescindir del último año de contrato debido a que fue muy maltratado por las lesiones.

Ahora un sector de la prensa neoyorquina está sugiriendo que el culichi Óliver Pérez debería hacer lo mismo, aun cuando el mánager Terry Collins ya dijo que el zurdo peleará por un puesto en la rotación abridora durante el spring training de los Mets de Nueva York.

Óliver tiene 29 años, la edad que muchos analistas le auguraban para alcanzar los niveles del monstruo Randy Johnson.

¿Pero estará Óliver Pérez en condiciones de retirarse? ¿Tendrá el sinaloense ese gran regreso como el que ha mostrado Luis Ignacio Ayala en plan de cerrador? ¿Será acaso que deba salir de Nueva York para resurgir como el lanzador que fue en el 2008? ¿Por qué perdió 6-7 millas de velocidad? ¿Qué diablos pasa realmente con Óliver Pérez?

“Es mental”, dicen todos los colegas, una frase que se volvió muy trillada.

A ciencia cierta es difícil saber qué pasó con Óliver. Curiosamente, uno de sus grandes compañeros de generación con San Diego, Jake Peavy, también se cayó y no ha vuelto a ser el mismo.
 

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