Los mercados son unos casinos PDF Imprimir E-Mail
Miguel Ángel Gutiérrez   
Lunes 03 de noviembre de 2008


Gracias a la magia de los mercados económicos llamados liberales y de un estado de derecho que se fundamenta en el positivismo jurídico, los centros financieros se han convertido en casas de juego. Ahí los intercambios no producen un ganar-ganar de ambas partes como el verdadero mercado debería ser y no un ganar-perder del hábil especulador frente al inepto y novato perdedor sin ninguna protección posible. El Estado no juega ya el papel que le confería el liberalismo, el de árbitro solamente, ahora es árbitro y jugador, así los bancos centrales inducen los mercados mediante las tasas de interés y el centro de paridades, con lo cual contradicen los principios de no intervención del liberalismo clásico. En este contorno todo es legal y como en los casinos, la casa, en este caso el Gobierno, no puede perder; siempre gana: cobra al que gana y al que pierde.

Sin embargo, las crisis están llegando a tal extremo que cuando el sistema se tambalea y amenaza con detener el proceso económico, hasta los bancos internacionales también. El río del mercado ha roto todos los diques y lo que era una fuerza positiva se ha convertido en un caos, primero financiero global, y empezando a afectar la economía de los países y luego se vendrán problemas en los diferentes sectores de la sociedad. Todos pierden cuando el Estado o los bancos del sistema global tienen que entrar al salvamento de los organismos financieros, aunque en estos rescates, el que pierde realmente es el que paga los impuestos, el ciudadano común.

El dinero y las finanzas deberían ser el soporte de la producción y del comercio como corresponde a su naturaleza, pero se han invertido los papeles gracias a la especulación producto de la ambición humana; ahora ni importa generar valor agregado en la producción o en el comercio y los servicios de bienes; ahora las finanzas que deben servir al proceso productivo y del intercambio son las que mandan en el proceso y donde se generan las ganancias fáciles pero sin soporte real. El intercambio de bienes por dinero y de dinero por bienes es el fin natural de los mercados, esto termina cuando lo que se intercambia ya no son bienes con valor relativo en sí mismo, sino solo esperanzas y promesas, esto es cuando el comercio de un país y del mundo se convierte en un intercambio virtual que se mueve a un ritmo mucho más acelerado que la producción mundial. Ya no son bienes con valor en sí los intercambios, sino simples valores virtuales o papeles y de esperanzas en manos de especuladores que más de las veces las llevan a operaciones fracasadas y cuando no pueden ser fraude lentas, hay que recordar que las cosas solo valen por el futuro, por lo que se espera de ellas; el pasado, el costo no cuenta, esto lo sabe muy bien el especulador.

Esto es lo peligroso de la globalización, cuando las fuerzas del mercado son incontrolables aun por los propios gobiernos. Y para los bancos internacionales y las transacciones no son ya de bienes y servicios sino de valores que adquieren su alto precio o su depreciación por falsas promociones, por movimientos exagerados de capitales o por movimientos bursátiles en busca de ganancias en un plazo muy corto. Papeles virtuales que suben y bajan al gusto de especuladores y de gobiernos, unos en la opulencia y otros en bancarrota, polos de atracción que cuando pierden su energía carecen de soporte real, desploman los mercados sin que haya autoridad que pueda proteger al ahorrador, al cual, el liberalismo prometió como uno de sus principios fundamentales un derecho de prioridad sólida que el mercado especulativo ha hecho nulo, pues esto se convierte en un gran despojo.

El orden del mercado exige retornar al orden del intercambio de bienes pues esto es el mercado, no solo títulos de confianza que cuando se abusa de ellos dejan de serlo; obviamente que existe una especulación que puede ser benéfica cuando se juega con riesgo en mercados aleatorios, pero de bienes reales (mercados de futuro) pues ahí se equilibra la oferta y la demanda en el largo plazo, pero aquí nos referimos a la especulación inmoral donde ciertas variables son manejadas por los poderosos que además poseen información privilegiada que el ciudadano normal ignora.

El sistema financiero fue creado para evitar a los agiotistas y abaratar los intereses mediante la oferta y la demanda del dinero y del crédito pero por ahora no es así pues ha sido un banco tan libre que quiere y se le permite cobrar intereses diferenciales enormes, que cobran su baja eficiencia y sus gastos elevados al tiempo que no han sabido otorgar créditos sanos y hacer ricos a sus clientes para que puedan pagar.

El primer fundamento de una estrategia bancaria sana es establecer una sinergia entre banco y cliente para hacer más productivo al cliente con el crédito aprobado; crédito que no mejora la productividad del cliente no hay que darlo. Cuando se es solidario con los clientes, estos no lo serán con el banco y todos pierden. Algunos banqueros, después de la expropiación de los bancos, miraban a sus clientes como vacas a las que había que ordeñar con el cobro de intereses altos y los servicios.

Las crisis financieras y económicas que hemos pasado nos deben dar un aprendizaje, una experiencia para que no volvamos a hacer de los mercados un casino de riqueza virtual.

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