El diario cierra al público. Solo por hoy.
El ataque a Noroeste es un mensaje para Calderón, dice el editor
Como está ocurriendo en otros estados del país, en Sinaloa los ataques a la prensa por parte del crimen organizado son cada vez más directos y animosos. Llevan implícitos mensajes al Gobierno federal y toman como mensajeros a diarios y empresas televisoras. En Durango el cártel de Sinaloa exhibe la relación de Los Zetas con mandos policiacos y en Sinaloa La Línea pide a Felipe Calderón que deje de apoyar a Joaquín Guzmán y a Ismael Zambada. Es la guerra de los cárteles de la droga que ha tomado como rehén a la prensa y al oficio de informar.
La amenaza se cumplió puntual, como se había advertido dos veces por la tarde del martes 31 de agosto. Voces desconocidas habían hablado en un par de ocasiones a la redacción del diario Noroeste de Mazatlán para pedir a la casa editorial que publicara información relacionada con un ataque perpetrado la madrugada del lunes, donde murieron dos jóvenes y uno más resultó herido.
En las dos llamadas telefónicas, los solicitantes se identificaron como miembros de La Línea, organización criminal que opera para el cártel de Juárez. La primera, ocurrida entre la una y dos de la tarde, fue recibida por un reportero al que le pidieron que publicara el nombre del herido y en qué clínica lo tenían internado. Tono y sentido eran amenazantes. El reportero le explicó que la información publicada en la nota de ese día estaba basada en la información oficial de la Policía y que cualquier otra cosa debía primero ser confirmada.
Fueron más de 20 minutos. Al final, el sicario dijo que volvería a llamar. Y cumplió. A las 18:30 horas marcó y la llamada fue recibida ahora por una reportera. Las mismas exigencias, el mismo reclamo, los mismos desplantes contra el Gobierno federal y contra el presidente Felipe Calderón, porque, dijeron, están apoyando al cártel de Sinaloa.
En las dos ocasiones la respuesta fue la misma: Noroeste no publicaría nada que no hubiera sido reporteado por ellos mismos y que no tuviera su comprobación puntual.
Ese día, Noroeste contaba en sus páginas hechos ocurridos en la madrugada del lunes por la calle Rafael Buelna, que conduce a la Zona Dorada de Mazatlán, convertida desde hace meses en campo de batalla de los narcos.
Dice la nota: “De nueva cuenta los ‘cuernos de chivo’ volvieron a sonar en la avenida Rafael Buelna, ya que en las primeras horas de ayer fueron ejecutados dos jóvenes más por un grupo de sicarios que logró escapar.
Con este caso, cinco personas, entre ellas una mujer, han sido asesinadas en esta avenida en menos de 24 horas, pues la madrugada del domingo fueron acribillados dos hombres y una mujer que iban en una camioneta, donde además dos varones resultaron heridos.
De acuerdo con la información proporcionada por las autoridades, uno de los jóvenes que fue asesinado ayer fue identificado por sus familiares con el nombre de Francisco Guzmán Labrador, de 22 años de edad, con domicilio en la colonia Salvador Allende y era de oficio albañil. En tanto el segundo joven acribillado se llamaba José Luis Alvarado Osuna, con domicilio en el Infonavit Playas”.
Después contar los pormenores del hecho, Noroeste agrega: “La fuente (policiaca) señaló que momentos después del mortal atentado, recibieron el reporte de que un adulto fue trasladado a bordo de un vehículo de alquiler a un hospital privado que se encuentra cerca de la zona donde ocurrió la balacera. Las autoridades confirmaron que se trataba de un hombre, de quien no se proporcionaron datos, el cual resultó herido por una bala perdida por lo que fue intervenido quirúrgicamente”.
Al final, la Redacción aclara que no siempre puede darse información completa de un hecho porque las autoridades no proporcionan la información.
Después trascendió que llamadas similares a las que se recibieron en Noroeste fueron hechas también al periódico El Debate.
El ataque
La fase editorial terminó, como casi siempre, a la media noche. Poco a poco reporteros y editores se fueron retirando de las instalaciones del diario. No había en nadie más estrés ni más preocupación que la que cotidianamente produce cubrir las notas del día en una ciudad convertida de pronto en centro de disputas mortales del narcotráfico. Los vigilantes preparaban café y en los talleres se hacían los preparativos para la impresión, cuando se escucharon las detonaciones.
Eran las 12:30 cuando dos hombres se bajaron de una camioneta, depositaron con cierta calma una manta al pie del edificio, la sostuvieron con piedras que ya llevaban consigo, regresaron a la camioneta, sacaron cada quien un fusil AK-47 y empezaron a disparar. Uno de ellos traía la cara tapada con una mascada y el otro se cubría el rostro con un sombrero. Hicieron entre los dos más de sesenta disparos. Casi todos dieron en la fachada del edificio. Destrozaron los cristales y algunos rebotaron en la pared. Varios de los impactos traspasaron el cristal del frente y también un ventanal interior, pegando después en una pared. Cumplido el objetivo, se marcharon. Atrás dejaron el olor de la pólvora, el espanto y una manta que reclama al presidente Felipe Calderón que esté apoyando al cártel de Sinaloa. En el mismo pliego hacen un recuento de varios hechos recientes, entre ellos el asesinato de 29 reos del penal de Mazatlán, el 14 de junio pasado. Firma “La familia dolida”. La Línea.
Minutos después empezaron a salir los trabajadores a ver los destrozos. El director editorial de Noroeste, Joel Díaz Fonseca, se disponía a dormir cuando le avisaron. Al cabo de media hora empezó el ritual forense, los hombres y mujeres de batas blancas enumerando casquillos con paciencia de relojero, cordones policiacos, militares con libretitas y cámaras fotográficas, curiosos trasnochados que se llevaban en sus celulares las fotos del recuerdo.
Mazatlán, agobiado por la violencia en los últimos años, pasaba ahora por el trago amargo de una agresión directa a la prensa y, sin precedentes, a uno de los diarios de mayor tradición en el puerto.
Hora de evacuar
Todo el miércoles fue para el personal de Noroeste ir y venir por los cuatro pisos, recibir policías, peritos, patrullas que pretenden brindar algo de seguridad. Pero el jueves se reanudarían las hostilidades. Un hombre, que dijo ser de la misma organización que había atacado el edificio la noche del martes, llamó al menos tres veces para exigir a la gerencia del diario que si no le daban 200 mil pesos haría estallar el edificio. Ante la amenaza, los directivos decidieron evacuar. Los administrativos se fueron a sus casas y los reporteros a escribir donde hubiera una señal de Internet para enviar sus notas a la Redacción. Solo un puñado de editores y diseñadores apoyados por una secretaria permanecieron en las instalaciones, resguardados por una veintena de agentes de la Policía Ministerial, arremolinados en la planta baja. En la puerta principal, una cartulina con un aviso lapidario: “El día de hoy nuestras oficinas permanecerán cerradas”.
Hermanados por el miedo
No ha sido esta la única agresión sufrida por un medio de comunicación en Sinaloa. La madrugada del 17 de noviembre de 2008, un grupo de hombres armados hizo estallar una granada de fragmentación contra las instalaciones del periódico El Debate de Culiacán, hecho que hasta la fecha no ha sido aclarado.
Menos de un año después, el 7 de septiembre de 2009, otra granada del mismo tipo estalló en la parte baja del edificio que alberga las oficinas de Ríodoce. Los hombres rompieron con pinzas los dos candados de una cortina metálica y la arrojaron al interior, sofocándose la explosión contra un escritorio metálico y causando daños menores.
A nivel nacional, los medios de comunicación han sido hostigados y amenazados desde hace años por las bandas del crimen organizado. En enero de 2009, Televisa sufrió un ataque con granadas y fusiles. El 17 de mayo de 2010, una televisora filial de Televisa en Tepic, la XHKG, Canal 2, sufrió un atentado con granadas y fusiles AK-47.
La noche del 14 de agosto, Televisa Matamoros sufrió un ataque con granadas de fragmentación y la madrugada del 15, horas después, Televisa monterrey volvió a ser blanco de ataques con granadas, cuando hombres a bordo de una camioneta lanzaron una granada contra sus instalaciones.
Semanas después las agresiones contra esta empresa televisora subirían de tono, pues la madrugada del viernes 27 de agosto, estallaría un coche bomba frente al edificio de Televisa Ciudad Victoria, Tamaulipas. Días antes, había circulado por el mundo la masacre cometida contra indocumentados centro y sudamericanos, donde murieron al menos 72 de ellos a manos de Los Zetas.
Pero el episodio más dramático había ocurrido un mes antes, cuando el 26 de julio, cuatro periodistas, tres de ellos de medios locales en La Laguna y el otro enviado del Distrito Federal, fueron secuestrados por un grupo perteneciente al cártel de Sinaloa.
Pidieron, a cambio de su vida, que un canal de televisión del Grupo Milenio publicara unos videos donde se exponen las complicidades de algunos mandos policiacos con el grupo delictivo Los Zetas. Días después, todos fueron liberados.
“Los medios no debemos ceder
porque sería peor”: JDF
La tarde del jueves el edificio de Noroeste parece un bunker, desolado por fuera y lleno de policías por dentro. El acceso es por la puerta de atrás, destinada al personal. Entre más grandes son las salas de espera en cada piso, más fuerte es el silencio. Las pocas sombras que se mueven por los pasillos hablan en voz baja. Las órdenes son categóricas: “Repórtate cada media hora”. Y las respuestas más breves: “No voy a salir”.
Joel Díaz sale de una junta y entra a otra, revisa información, quita, pone, sugiere, ordena. Bajo el título ¡No vamos a ceder!, Noroeste publicó este día como nota principal su propia editorial, dedicada a la agresión sufrida la noche del martes.
“Fiel a los principios —dice— de quienes lo fundaron y como lo ha demostrado a lo largo de 37 años de haber sido creado, Noroeste se mantiene firme en su vocación de ejercer un periodismo independiente e imparcial, que no claudicará para seguir garantizando a los sinaloenses su derecho a estar informados”.
El diario reclama del Gobierno estatal seguridad para ejercer el periodismo sin restricciones y en condiciones de plena seguridad, y del Gobierno federal que combata también en Sinaloa a fondo a las bandas criminales.
Joel Díaz Fonseca empezó a trabajar como reportero de Noroeste en 1976, cuando inició la Operación Cóndor contra el narcotráfico.
“No puedo negar que muchas veces salíamos a reportear con cierto miedo, pero ahora la violencia está en otro nivel, porque hemos visto cómo se han sucedido ataques a la prensa, secuestros de periodistas… hasta coches bomba contra empresas de resonancia nacional, como Televisa.
—¿Qué les queda a los medios después de esto?
—Esto por supuesto que amedrenta, infunde miedo, que es lo que buscan los delincuentes… Pero también es consecuencia de que los mismos medios estamos cediendo. Yo siento que estos ataques son una especie de estrategia que está siguiendo la delincuencia organizada para presionar al Gobierno con el fin de que no siga con sus acciones. En febrero de este año pusieron tres mantas en Noroeste con mensajes para el Gobierno; había mucha tensión en esos días, se sentía el miedo. La política federal contra el narcotráfico, a ojos de ellos, sigue igual, sienten que el Gobierno está apoyando a un cártel y quieren que la lucha sea pareja.
—¿Esa es la lectura que hacen del ataque a Noroeste?
—La lectura que hacemos es que no quisieron hacer un daño mayor en Noroeste porque esperaron a que el edificio estuviera casi solo; lo que pensamos es que más bien esto es un mensaje para el Gobierno. Al final, lo que pensamos es que los narcos están utilizando a los medios de cierta resonancia en el país para decirle a Calderón que ataque a todos los cárteles de la droga por igual.
—¿Ves en el corto plazo una salida a este clima de violencia?
—Es muy difícil porque se dejó crecer este problema durante décadas. Y bueno, en lo que coinciden muchos analistas es que cuando Calderón decide enfrentar al narcotráfico no sabía a lo que se estaba enfrentando y ahí están las consecuencias, que el problema se le salió de control.
—Ustedes (Noroeste), en los años ochentas, enfrentaron al entonces gobernador Antonio Toledo Corro, ¿cómo comparas estos dos momentos?
—Bueno, aquellos fueron momentos muy difíciles, el enfrentamiento contra Toledo se reflejó en lo económico, en lo anímico, siempre andábamos tensos, porque nunca descartamos que el Gobierno pudiera llegar a este nivel de agresión; fue muy duro, difícil, pero no hay comparación con lo de hoy, empezando porque los enemigos de ahora no tienen rostro; aquel estaba muy definido, este no.
—¿Qué les están recomendando al personal, sobre todo a los reporteros?
—Ya desde antes les habíamos pedido que fueran precavidos, que no salieran a la sierra, que se mantuvieran comunicados, que no anduvieran solos, que no se expongan. La orden de hoy fue que se replegaran… y estamos trabajando un protocolo de seguridad.
—“¡No vamos a ceder!” es una cabeza muy fuerte, ¿realmente no van a ceder? ¿No hemos cedido ya demasiado los medios?
—Creemos que no debemos cometer el mismo error. En Tamaulipas todos los medios callaron y mira lo que está ocurriendo; acá no debemos ceder, sabemos todos los riesgos que conlleva esta lucha, que es para toda la sociedad, no es para nosotros, es para Mazatlán y es para Sinaloa. Si nosotros hemos alentado a la gente para que denuncie, que no se quede callada, no podemos hacer lo contrario.
Inician corporaciones operativo especial en medios
Amenazan con ataques al Canal 7
Javier Valdez
Desconocidos amenazaron con atacar las instalaciones de Canal 7 de Mazatlán, la televisora filial de Televisa, igual que lo hicieron contra el edificio que alberga al periódico Noroeste durante la madrugada del miércoles, informaron fuentes de la Procuraduría General de Justicia de Sinaloa.
Los directivos informaron sobre estas amenazas a Alfredo Higuera Bernal, titular de la PGJE, y a Josefina García Ruiz, secretaria de Seguridad Pública del Estado, pero no presentaron denuncia formal, al parecer por temor a represalias de parte del crimen organizado, específicamente de una célula del cártel de Juárez que opera en el puerto.
Los desconocidos hablaron entre miércoles y jueves en al menos dos ocasiones a la estación de televisión que forma parte de la cadena Televisoras Grupo Pacífico, con canales en Culiacán, Los Mochis y Ciudad Obregón, en el estado de Sonora.
Debido a estos actos y a la amenaza que recibieron trabajadores y funcionarios de Noroeste, de que estallarían una bomba en el edificio, corporaciones policiacas del estado y los municipios iniciaron este viernes un operativo de seguridad en todos los medios informativos, tanto impresos como electrónicos.
En las acciones participan agentes de las policías Ministerial del Estado, Estatal Preventiva y Municipal. El operativo se realiza en las principales ciudades de Sinaloa, entre ellas Culiacán, Mazatlán y Los Mochis, cabecera municipal de Ahome, y tiene como objetivo “disuadir actos delictivos contra los medios de comunicación”, reveló un funcionario de la Procuraduría local.
El operativo consiste en labores de patrullaje y vigilancia alrededor de las oficinas de periódicos, noticieros de radio y televisión, aunque de manera discreta.
De 2008 a la fecha han sido atacados dos medios informativos locales, además de Noroeste: en septiembre de 2008 fue lanzada una granada contra El Debate, y en el 2009 desconocidos hicieron lo mismo contra las oficinas del semanario Ríodoce, en Culiacán. Estos ataques provocaron solo daños materiales en fachada, muebles y cristales.
Guasave.- “Uta madre, los sicarios”, dijo en voz baja aquel escuálido joven a su esposa cuando ambos aguardaban a la entrada del Hospital General de esta ciudad a que una de sus familiares sanara.
Hay quienes afirman que con estas muertes se estaría inaugurando una nueva forma de matar, ¿usted qué opina? —le preguntó Ríodoce al director del penal de Mazatlán, Joaquín Melquíades Cervantes Gutiérrez, el pasado 25 de enero.