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Último adiós a la apertura
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Qué difícil se ha vuelto desentrañar—no se diga comprender—el estilo de gobierno de Jesús Aguilar Padilla. Atosigado por el repunte récord de los índices de inseguridad, debiera estar dedicado en cuerpo y alma a pulir aquellos rasgos que lo salven del balance catastrófico que se anticipa al fin de sexenio. El acceso a la información pública podría ser, si él quisiera, el rastro que resignifique su paso por la titularidad del Ejecutivo Estatal, la piedra en medio del enorme charco de sangre que le permitiera saltar ese bache sin salpicarse.
Le urge enviar un signo de aliento hacia una sociedad que ya lo ve pasar sin pena ni gloria.
El gobernador se refleja colmado, muchas veces abrumado, por el clima de violencia que ha llegado a los cuatro muertos por día. Lo peor es que se ha resignado a que la barbarie sea el epitafio de un ciclo, cuando el quehacer político le ha puesto al alcance oportunidades valiosas para trascender más allá de los cadáveres regados en las calles y dejar un legado apreciable en materia de democracia, rendición de cuentas, transparencia y equilibrio entre poderes. Y todas las ha desperdiciado.
A muchos hasta les parece admirable la pequeñez de Aguilar Padilla ante la grandeza del puesto que ocupa. Les causa asombro y pasmo que un político nunca confeccionado para una responsabilidad tan alta, que incluso llegó al cargo en una cerrada elección que tuvo que definirse en los tribunales electorales, se resista a erigirse como el presente se lo exige y en cambio se paralice en la cortedad, en la trivialidad, en la nimiedad.
Ha corrido con suerte, es cierto, pero tampoco la ha aprovechado. En materia de democracia ahí está el reciente escándalo que demuestra que a través de Rafael Oceguera Ramos, su secretario general, metió todo el cuerpo al proceso electoral de 2007, adulterando el sentido del voto.
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En cuanto a la fiscalización de recursos públicos, tronó el nacimiento de la Auditoría Superior del Estado al poner frente a ese órgano a un priísta incondicional que es una tapa hermética a la cloaca ya desde antes impenetrable.La reforma a la Ley de Acceso a la Información del Estado de Sinaloa será, todo lo indica así, otra encrucijada derrochada. Ya asoma la intención de acabar de matar una norma que nació maltrecha, pues sólo la torpeza de crear una “versión pública” de los documentos oficiales adelanta el desnucamiento de todos los esfuerzos que se hacen para que la apertura deje de ser una simulación y se convierte en una realidad, en una voluntad de estado. ¿A quién se le ocurrió semejante tontería? ¿Quién pretende hundir, de una vez por todas, a Aguilar Padilla en el pozo de la intrascendencia?
Con esa “versión pública”, que a pasito de cangrejo quiere sacar adelante el gobernador en el Congreso, las entidades públicas podrán borrar en facturas relacionados con el gasto público, o en cualquier otro documento que se les solicite, los datos que considere debe mantener ocultos, a criterio del servidor público que esté al frente de la dependencia. Es decir, si un funcionario lo considerara conveniente, podrá darle una hoja en blanco a quien le requiera una información, pues la nueva ley de acceso lo facultará a quitar lo que se le antoje.
Está claro que el gobierno de Aguilar Padilla, como en su tiempo lo hizo Juan Millán Lizárraga, no renunciará voluntariamente a esa mentalidad de ocultarlo todo, de hacer más pequeñas las claraboyas de por si miniaturas mediante las cuales la gente pueda observar al gobierno. Esa es la cuestión: el ardid de los gatos que esconden la suciedad, no por ser pudorosos sino por instinto. Es tanto el miedo a que el futuro desnude corruptelas, negocios, complicidades y abusos, que pretenden darle más opacidad al ya oscuro nubarrón de sospechas que se cierne sobre los políticos hoy en el poder.
La apertura en Sinaloa, por más que se le quiera dar al gobernador el privilegio de la duda, va en una vertiente de aniquilamiento. Al acompañar a un grupo de periodistas que entregamos una iniciativa de reforma a la ley de acceso, agua fresca arrojada a la conciencia de los diputados, dijimos que el Congreso no invoca al optimismo pues su molde de actuación es siempre salir con algo distinto, opuesto, a lo que la gente quiere. Y así como lo han hecho otras organizaciones sociales, dejamos en manos de la Legislatura una propuesta conjunta del gremio para que el parlamento rompa los hilos que lo conectan al titiritero y empiece a cobrar vida propia con el aliento de la sociedad.
Ya vista de manera distinta, la reforma a la ley de acceso constituye ese ultimátum al gobernador Aguilar Padilla para que supere el rechazo de los deudos de la violencia—pose y pergamino no le devuelven la vida a nadie—y le dé forma a un reconocimiento social que sólo obtendrá si aprende a gobernar para los ciudadanos, nunca más para sus compadres, amigos o socios. La fe del conjunto social en los políticos y en las instituciones puede resucitar si el mandatario se planta en su obligación constitucional de velar por intereses generales en vez de operar para saciar ambiciones de camarillas.
Entonces sí, los sinaloenses entenderán y respaldarán a un político y a un estilo de gobierno que hasta hoy constituye la peor utopía de estos tiempos, los tiempos de sangre y llanto.
Re-verso
Otro tipo de delincuencia
ha matado, sin piedad,
el anhelo de transparencia.
¡Larga vida, opacidad!
Cascos azules
La otra guerra, como si no bastara con las que hay, cobra forma al seno del Partido Acción Nacional en Sinaloa. Los opositores a la candidatura de Francisco Solano Urías alistan el expediente de irregularidades que se le integró a éste cuando era director de Obras Públicas, en el período en que Sadol Osorio Salcido gobernó Culiacán.
Pero en la otra alforja también hay lodo: los solanistas hurgan en los negocios que el actual grupo dirigente del panismo local ha hecho a cambio de ser sumisos a la línea del gobernador Jesús Aguilar Padilla. Van tras las pistas del “maiceo” en el Congreso.
Y desde otro frente, las huestes que asiduamente visitan el despacho y las viandas del gobernador, le preguntan a éste qué tipo de líder panista le sirve más.
Son los soldados “cascos azules” que por debajo de la mesa se disparan unos a otros, huérfanos de general, cuartel y causa.
Y, como en toda guerra, habrá intereses muertos o heridos que quedarán regados en el campo de batalla.
Volver al surco
A tiempo todavía de evadir la marca de la casa, el sello que llevará si no se deslinda a tiempo, el procurador Luis Cárdenas Fonseca está por entregar por enésima vez su renuncia al gobernador. Sus amigos se lo dicen: si antes de ocupar ese cargo eras una persona respetable, prestigiada, que vivía en paz, por qué esperas que la historia te pinte en la frente las cruces de los miles de muertos. Y le aconsejan que regrese al surco, a lavar su imagen entre las matas de maíz y berenjena.
7 de julio 2008 |