Existe un aforismo amargo entre los presos del módulo de rehabilitación de adicciones del penal de Aguaruto: no tiene el más grave problema el que cometió el más infame delito sino el que está solo, abandonado por su familia.
Jueves 12 de agosto. Salón de terapia del programa Tú puedes. Generación número 51 con 40 internos en rehabilitación. La última sesión es entregar un regalo elaborado en el taller a un compañero. José, originario del Estado de México, esa mañana recibió cinco obsequios y los mejores deseos.
Tiene años preso y metiéndose drogas (ahora tiene casi cien días sin hacerlo). Nunca ha recibido una visita familiar y los demás internos lo saben. Es la otra condena: la soledad, el aislamiento y el sentimiento del desarraigo. “Usted no está solo, compa, nos tiene a nosotros”, exclamó el quinto interno que le ofreció el regalo a José, un celular de juguete elaborado con madera.
Morir y salvarse
En este módulo del penal, en donde todos sus inquilinos son voluntarios, Beny se ha forjado el respeto y la admiración del resto del grupo.
Es el fundador del programa contra las adicciones y parece mentira que este individuo de casi 1.90 de estatura, ojos claros y bigote recortado, educado al hablar y atento, haya delinquido en su vida pasada, por lo que fue detenido y sentenciado a varias décadas de prisión.
Desde hace años es otro, dice. Ahora ayuda a los voluntarios a salir del camino de las drogas y el delito, lo mismo a asesinos, secuestradores o asaltantes ocasionales. Asegura, calculando al vuelo, que ha visto salir del Tú puedes en diez años a más de mil compañeros que han logrado la libertad.
Algunos vuelven al vicio, a caer de nuevo al bote por andar de malandros. Pero Beny se siente satisfecho porque muchos otros la “hacen” afuera, incluso algunos no se olvidan de su paso por la cárcel y regresan a visitar a los amigos. El interno advierte que el único instrumento que en verdad ha servido para mantenerse él y sus compañeros de forma pacífica, es la disciplina. “La disciplina es lo más importante que tenemos aquí”, expresa.
Ahora Beny tiene 17 años en este centro penitenciario con un sobre cupo que casi llega a los tres mil internos, en donde en un año han ocurrido 20 muertes violentas, tres fugas con 10 reos prófugos y una manifestación de agentes estatales para exigir ser sacados de la vigilancia del penal.
Cárcel de contrastes en donde sus directivos y celadores terminan tras las rejas por supuestas complicidades y omisiones, en donde las drogas, bebidas alcohólicas y armas de fuego entran por esas mismas puertas por donde también se fugan algunos reos miembros del crimen organizado, como Héctor Arnulfo Cárdenas, “El Cholo”, que este 9 de agosto pasado cumplió un año de estar libre de las celdas después de festejar su partida.
Aquí en este reclusorio de paredes altas y blancas, la violencia y el compañerismo van de la mano. También la impunidad y la incapacidad de las autoridades, lo mismo en las calles que dentro en un sistema supuestamente vigilado, pero a la vez corrompido y obsoleto, según lo han aceptado funcionarios del área de Seguridad Pública.
Esto se ve en las cifras. De los poco más de seis mil internos que actualmente están en las cárceles del estado, de acuerdo a los números de la Secretaría de Seguridad Pública, 55 han sido asesinados en lo que va del año: 37 en Mazatlán y 18 en Culiacán.
Oficialmente la Procuraduría General de Justicia nada más dio a conocer los nombres de dos responsables de la muerte de seis reos del Cecjude de la capital, hechos ocurridos el ocho de junio pasado en el área de barandilla.
Nada más dos responsables de matar a cuchilladas a los seis reclusos vinculados con una célula de los hermanos Beltrán Leyva en Guasave.
De las otras decenas de casos sólo ha venido el silencio y más crímenes que manchan de sangre las barracas, aunque en el caso de Mazatlán, en donde el lunes 14 de junio fueron masacrados 28 reos, cinco reclusos dieron positivo a la prueba del rodizonato de sodio, según indicó una fuente extraoficial.
A pesar de que los convictos no son vistos por la sociedad con buenos ojos, se trata de vidas humanas, señala Beny durante la entrevista que accedió a dar a Ríodoce.
Anota que son distintos los factores que llevan al vicio y al crimen, que los que tratan de recuperarse a veces sienten el rechazo y son condenados por la sociedad a la misma vida.
“Pero aún así no es pretexto, por más difícil que sea uno tiene que ir por lo que marcan las leyes”, remarca.
Cada muerte en este centro de readaptación de Culiacán crea una especie de pánico y hermetismo entre los internos. “Sí se sabe entre los que están aquí, se comentan siempre las muertes, que andaban con estos o aquellos, pero ¿pa’ qué andar preguntando?”, comenta José Luis, inquilino del módulo 2, preso desde hace dos años por delitos contra la salud.
El que vio no miró nada y el que escuchó no oyó nada. “Es mejor no saber nada, llevar un buen comportamiento, si sabes que un compañero anda mal no preguntas nada, esperas que a ti no te vaya a tocar algo”, comenta el recluso del módulo 2, área considerada tranquila y en donde están ex servidores públicos que cometieron algún delito.
No es para menos. Del tres al seis del mes en curso, cuatro internos fueron encontrados asesinados en distintos módulos del penal. El último ocurrió el viernes 6 de agosto cuando hallaron en una carraca del módulo 18 a Amancio Pacheco Medina o Ismael Pacheco Ramírez asesinado de un golpe contundente en la cabeza. Este último, secuestrador.
Otra racha de muerte fue la que se vivió de finales de mayo hasta la primera semana de junio, periodo en el que asesinaron a ocho presos en Culiacán, sin contar los 28 de Mazatlán que fue calificada por el procurador de Justicia, Alfredo Higuera, como la más grande masacre en Sinaloa.
Son varios los motivos que ha argumentado la Procuraduría de Justicia para no esclarecer la oleada de homicidios en los penales: la falta de cooperación de los internos y hasta la posible complicidad de los custodios.
Se manejan líneas de investigación, se barajan versiones como las de riñas que terminan en baños de sangre, pero nunca se acepta que un grupo dentro realice una limpia selectiva o que alguien externo del centro de reclusión ordene las muertes. Lo más que llegan a decir los funcionarios de la Procuraduría es que se investiga la posible relación entre dos o más muertes, debido a paralelismos entre los homicidios, es decir, mismo modus operandi.
Las investigaciones de los agentes del Ministerio Público entre barracas y sórdidos pasillos, asegura la PGJE, se complica en el hermetismo de los presos.
“Quién quiere decir algo”, dice José Luis, “al rato te matan”.
Resentidos y liberados
Confiando en que el ser humano es cambiante, la trabajadora social del Cecjude de Culiacán, María de los Ángeles Sánchez Verdugo, señala que si bien muchos internos viven resentidos socialmente y que al salir de prisión regresan a delinquir, otros se convencen adentro que vivir fuera de la adicción y el crimen es el mejor camino.
“Delinquir para ellos se convierte en un hábito, pero se puede revertir cuando las personas se van queriendo a sí mismas, aquí en el módulo Tú puedes nada más le recordamos algo que ya saben: los valores”, explica Sánchez Verdugo.
Sin embargo, dice que a nadie se le puede obligar, que los mismos internos se acercan a los programas que existen y son evaluados para ver si pueden ingresar.
Otros, por su puesto, no quieren salir del mismo núcleo, de las misma prácticas y de la vida mediocre porque es un hábito para ellos.
Por eso Beny, el encargado de este módulo, ya no piensa volver atrás. Sus 17 años en prisión le han hecho desear la libertad día tras día, volver a su pueblo, saborear el aire de allá afuera:
“No ha habido un día de estos 17 años que no piense en ser libre, cometí errores, lo estoy pagando, es lo justo, espero que en menos de tres años me suelten”.
Guasave.- “Uta madre, los sicarios”, dijo en voz baja aquel escuálido joven a su esposa cuando ambos aguardaban a la entrada del Hospital General de esta ciudad a que una de sus familiares sanara.
Hay quienes afirman que con estas muertes se estaría inaugurando una nueva forma de matar, ¿usted qué opina? —le preguntó Ríodoce al director del penal de Mazatlán, Joaquín Melquíades Cervantes Gutiérrez, el pasado 25 de enero.