Los resultados electorales de 1988 (los reales, no los oficiales) generaron, en amplios sectores de la población, y en buena parte de la clase política, la sensación de que México había cambiado. “México cambió”, se dijo con insistencia. Ya nada sería igual. Se anunció el fin del PRI y el arribo de la alternancia. El movimiento encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, que luego pasó a la formación del Partido de la Revolución Democrática, encarnaban ese cambio profundo que se preveía. Se acabaría el autoritarismo, desaparecería la corrupción, y llegarían por fin la democracia y la justicia social.
Fue un sueño. Carlos Salinas apuntaló al PRI, a pesar de la crisis política que vivió la última etapa de su sexenio, para que ganara las elecciones presidenciales de 1994 con Ernesto Zedillo, el candidato suplente una vez que Luis Dolando Colosio fue asesinado.
Luego la historia nos rebasó por la derecha, pues en el 2000 ganó el PAN la presidencia, y muchas de las demandas sociales fueron postergadas por las políticas neoliberales del gobieno foxista.
Pero así como en 88 se previeron cambios de fondo en el país, también ocurrió en el 2000. El arribo de Vicente Fox trajo esperanza para millones de mexicanos, y no faltaron sectores de la izquierda que pensaron que, a pesar del PAN, estaba garantizada la democracia y la alternancia. Y, además, la lucha contra los lastres del sistema priista, sobre todo, contra la corrupción.
La política y el cangrejo
A veinte años de distancia, esa esperanza que generó aquel 6 de julio se transformó en frustración y en desencanto. Contrario a lo que se pensaba, también la política sufrió reveses impensables. Cárdenas se desdibujó en las siguientes dos elecciones presidenciales y no sólo fue perdiendo autoridad moral entre sus seguidores, sino que se ganó el repudio de no pocos, sobre todo porque el michoacano terminó trabajando para la administración Fox en los programas gubernamentales para el bicentenario de
la Independencia. Vicente Fox resultó un fiasco para la democracia, el PAN se prostituyó desde el poder (un proceso que inició desde el sexenio de Salinas), y el PRD se consumió en sus pugnas internas. Y lo inimaginable: el PRI se ha fortalecido a tal grado que está a punto de volver a Los Pinos.
Cinismo a la carta
Todo esto trajo consigo, contrario a lo que se esperaba, un envilecimiento de la política, pues partidos y personajes, todos desde sus respectivos espacios de poder empezaron a negociar proyectos y posiciones, en menoscabo de principios e ideologías. Fue entonces que el cinismo de los políticos fue adquiriendo carta de naturalidad en nuestro sistema político.
Sólo así se explica que Vicente Fox haya declarado unos días antes de dejar la presidencia que él se había desquitado con Andrés Manuel López, al ganarle la presidencia en 2006.
Hay verdaderas joyas del cinismo. Francisco Labastida, por ejemplo, preside ahora la comisión de Energía del Senado de la República, cuando fue investigado por el gobierno de Fox ante las evidencias (luego enterradas) de que había recibido de la paraestatal, a través del sindicato petrolero, fondos para su campaña en el 2000.
Felipe Calderón, el mismo que hizo huelga de hambre junto con el Maquío en 1988 para protestar por el fraude electoral, se niega a abrir los paquetes electorales.
El diputado Perredista Juan Figueroa Fuentes se convierte en el principal defensor de Óscar Félix cuando detienen a sus hermanos investigados por narcotráfico, y en ariete de los aplastamientos priistas en el congreso local.
Carlos Romero Deschamps, el líder petrolero acusado de haber proporcionado los fondos de PEMEX a Francisco Labastida, es uno de los aliados de Calderón para impulsar la reforma energética.
Juan Camilo Mouriño, el secretario de Gobernación, sigue en el cargo a pesar de que se evidenciaron sus negocios y los de su familia a partir de sus posiciones en el Congreso y en la Secretaría de Energía.
Manlio Flabio Beltrones, el ex gobernador de Sonora que espiaba a la familia del director de El Imparcial, formado en la escuela del ex secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, se queja de que está siendo espiado por el Cisen.
Elba Esther Gordillo, Romero Deschamps y el sinaloense Juan Millán Lizárraga, tres líderes enriquecidos a partir de su inserción en el sindicalismo, deciden trabajar en la conformación de una gran alianza para rescatar la dignidad del movimiento obrero.
En Sinaloa, el gobernador Jesús Aguilar Padilla chistorrea en su programa de radio mientras están tendidos los cuerpos de la familia asesinada en El Pozo.
El presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado, Francisco Javier Luna Beltrán, dice que sí gana 120 mil pesos, pero que se los merece.
El diputado Joaquín Vega Acuña se sube a la tribuna y reconoce que están violando la ley “pero qué le hace” (nada más le falta promover campañas de desintoxicación alcohólica).
Y ante la publicación de las fichas políticas que alguien elaboró en el Gobierno del Estado para el proceso electoral de 2007, Joel Hernández Niño, actual director de Gobierno, y Luis Pérez Hernández, ex director de la misma dependencia, se acusan mutuamente de perversos y perturbados. Pero eso es lo de menos, sino que ahora resultaron ser socios en una empresa de consultoría. Ah, y los dos se dicen perseguidos.
Y bueno, el alcalde de Culiacán, Jesús Vizcarra no podía quedarse atrás. “Yo no vivo de mi salario, afortunadamente no tengo esa clase de necesidades, dijo. Lo mismo que dijo Elba Esther, prototipo del cinismo en México.
Bola y cadena
DELA REUNIÓN QUE TUVO EL gobernador y sus funcionarios con el gabinete de seguridad en la ciudad de México, el jueves pasado, se desprenden dos visiones distintas sobre el resultado de los operativos. El gobierno federal mide el éxito de éste en función de los kilos de droga decomisados, el dinero y las armas aseguradas. El gobierno del estado, por su parte, en función de los crímenes ocurridos. Por lo tanto, el operativo no estaría dando resultados, pues estos se han incrementado. Pero el gobierno federal revira y dice que si malandrines han muerto 200 y policías 50, entonces la guerra se está ganando. Uf. Por eso, sólo se hicieron pequeños ajuste. Como cuando se ponen balatas nuevas y hay que regresar un mes después: sólo para un ajuste. Es normal, no pasa nada.
7 de julio 2008.
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