¿Qué más pudo suceder en 2009? ¿Qué más habría de estremecer a la sociedad sinaloense que vivió 365 días en la línea de fuego?
El crimen organizado ejerciendo el auténtico dominio de Sinaloa mientras el Gobierno abandonó a la sociedad; la política se enfrascó en su propia lucha por el poder y los bastiones morales parecieron doblarse. La saña de los sicarios del narco, reinventando la muerte para retar la capacidad de asombro, contra la crueldad de los legisladores, asestándole nuevas puñaladas en tiempo de crisis a la población como si los pobres aguantaran más. La mutilación de los cárteles de las drogas y al mismo tiempo la capacidad de estos para multiplicarse y poner de rodillas a las instituciones. Algo más: la narcopolítica mostró su verdadero rostro y dejó de ser vox pópuli para cobrar realismo como anticipo de los estigmas que rondarán la elección que viene.
Guasave.- “Uta madre, los sicarios”, dijo en voz baja aquel escuálido joven a su esposa cuando ambos aguardaban a la entrada del Hospital General de esta ciudad a que una de sus familiares sanara.
Hay quienes afirman que con estas muertes se estaría inaugurando una nueva forma de matar, ¿usted qué opina? —le preguntó Ríodoce al director del penal de Mazatlán, Joaquín Melquíades Cervantes Gutiérrez, el pasado 25 de enero.