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Tres meses en la morgue PDF Imprimir E-Mail
Redacción   
Lunes 28 de diciembre de 2009

C. Director:

En medio del dolor que me provoca haber perdido a mi hermano, escribí estas líneas. Hace alrededor de un mes, que se cumple en estos días últimos de diciembre, que lo encontré: había sido atropellado y tenía tres meses en la morgue.

Ojalá pueda incluir estas reflexiones, cargadas de desahogo, impotencia y nostalgia, en su periódico.

“¡Oye portero del alma! ¡Están llamando a la puerta! Entreabre el postigo y mira quién de mi olvido se acuerda. Si es un amigo, que pase. Si es la muerte, ¡dadle un rincón de mi hastío! Pero si es ella, si es ella, dile que siga adelante, que se equivocó de puerta, ¡que vaya y chingue a su madre!”.

En realidad fueron tres meses y medio, pero eso del medio me suena a “se es o no se es”, por esa razón prefiero quedarme con el tres que para mí ha sido toda mi vida un número cabalístico. Tres hermanos varones, nací un día veintitrés, mi padre también, mi abuela murió un veintitrés, y muchos etcéteras que para el caso es lo mismo cuando hablar de la muerte se trata, aunque el número tres más importante fueron las tres veces que fuimos a la morgue a buscar a mi hermano Memo y nos dijeron que ahí no estaba.

El que tu hermano desaparezca y nadie sepa de él y no esté en el Semefo te lleva a pensar tres cosas: o se fue con una vieja, o se fue a la pizca pa’ allá arriba, o anda por ahí de cabrón. A la vieja no la encontramos, siempre huye, va de cueva en cueva buscando a alguien que le explique la razón de su existencia, por eso viaja, siempre viaja en su nave-nube de alucinógenos. De la pizca ya todos volvieron, “seguramente ha de andar por ahí de cabrón” —pensaba, hasta que me habló el de la funeraria para que pasara al Semefo a identificar a otro tatuado fresquecito, recién llegado a la plancha, ese espantoso lugar al que llegan todos los cadáveres caídos en batalla, en la batalla por la vida licenciosa del desmadre.

No, ciertamente no era mi hermano el muerto, pero entonces el médico forense de guardia me dijo en un tono amable: “Pase a la oficina, tome asiento, platíqueme de su hermano, ¿cómo era?, ¿a qué se dedicaba?, ¿qué aficiones tenía?, ¿señas particulares?, todo, ¿desde cuándo se les perdió?”. “No lo vemos desde el seis de agosto” —respondí, hoy es veintiuno de noviembre, hace tres meses y medio, y por primera vez desde que empecé a ir al Semefo, alguien me atendió bien. El doctor sacó del archivero un bonche de carpetas con la información y el santo y seña de los difuntos allegados y de pronto me dice: “Acompáñeme por favor”. Entonces vi en su rostro la seguridad profesional del galeno caminar derechito hacia una gaveta en específico, y pensé: “Ya valió madre, ya me chingué, ese es mi hermano”. Lo peor se dejó venir cuando abrió la gaveta y apareció una bolsa negra de plástico de esas pa’ la basura, amarrada fuerte y enredosamente, la cual pudo abrir después de cinco minutos y ochenta nudos que tuvo que desatar, mientras yo tragaba con dificultad mi saliva gruesa, horriblemente pegajosa y a la vez sentía un hedor horrible que no sabía si era el aroma del lugar o eso que me estaba saliendo de las nalgas. Al fin logró abrir la bolsa negra y lo que vi jamás lo voy a olvidar. Era mi hermano Memo, congelado, el niño más hermoso que he visto en mi vida, convertido en un despojo inanimado y a pesar de eso seguía siendo bello, y pude apreciar en su rostro una mueca de dolor y de alegría, como diciéndome: “Gracias hermano por venir por mí, gracias por rescatarme de este frío olvido, llévame de aquí por favor, anda vamos, mi madre me espera, anoche soñó conmigo y soñamos juntos, bailé con ella y le prometí volver pronto, vamos hermano, te estaba esperando, sácame de aquí, vámonos a casa”.

Mi hermano Memo falleció atropellado a las 3:40 horas el día 8 de agosto del 2009 por un estúpido cafre irresponsable y fue llevado al Semefo ese mismo día, en donde estuvo atrapado en el purgatorio de los vivos en un frío bajo cero, durante tres meses y medio, ausente del cálido abrazo y el amor de su madre y todos sus seres queridos, todo ello debido a la estolidez laboral y la indiferencia de aquellos que en lugar de corazón tienen una caja de Pandora.

Muchas gracias.

Pedro Álvarez

Comentarios
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un día salió y ...
Cruz Sánchez Vega (IP:189.174.4.210) 2009-12-30 09:34:19

Es doloroso recordar a mi queridísima sobrina, Nelly; precisamente en esto tiempos, en donde nos visitaba con frecuencia, pero mas doloroso es no saber que pasó con ella, que fue lo que le ocurrió.

Es doloroso también el no tener ninguna evidencia ni huellas de su andar al menos para desenmarañar esta terrible angustia por no saber que sucedió con ella.

mi hermana, su madre, parece que superó su sufrimiento,pero me doy cuenta de que sufre en silencio, al desaparecer ella, se desgarró su corazón.

un día salió de su casa como de costumbre, era temprano, se le ocurrió invitar a su madre, pero para su desgracia esta no quiso acompañarla. Iba al volante de un automóvil que recién había adquirido, un corsa color rojo, feliz como era, asi se le recuerda , porque desde ese dia no se le ha vuelto a ver. Hicimos la búsqueda incesante, se reportó donde debía hacerse, se hicieron carteles los cuales se colocaron por toda la ciudad de Culiacán y otras como Mazatlán y los Mochis.

Desapareció en el tiempo y espacio sin dejar huella alguna, con ella también desapareció su automóvil ¿ y la pregunta es , como es posible que un automóvil y un cuerpo desaperzcan en el tiempo y espacio, habiendo tantos retenes por doquier? ¿Cómo es posible que no exista ninguna huella que indique su paradero , al menos para darle la cristiana sepultura que se merece?

Su madre, sus hermanos y sus familiares esperamos que algun dia encontremos huellas e indicios de ella, de su cuerpo, de lo que el padre tiempo y la madre naturaleza hayan respetado, de su automóvil mejor ni comentarlo, quien sabe quien andará al volante del mismo
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