La familia de María del Rosario. El otro lado de la medalla.
Tras convertirse en la primera sinaloense medallista olímpica, las cosas para la brecheña de 20 años, María del Rosario Espinoza, han quedado de un solo lado de la presea: sus éxitos, sus logros, un gimnasio con su nombre y una institución estatal que lleve a las generaciones venideras el recuerdo de su hazaña. El otro lado de la presea permanece inerte, tímido, casi prohibido.
Muchos ignoran la faceta de la guasavense que colocó a Sinaloa en el mapa mundial del deporte. Sus derrotas emocionales, la ruptura con su anterior entrenador, de quien se dijo “quería colgarse de las medallas de Chayito”, así como la falta de apoyos de las instituciones del deporte municipal y estatal. “Ella se navegó con la familia; nunca la apoyaron hasta que ganó, fue cuando le vieron que sí valía la pena. No creían en ella”, confiaron algunos familiares a Ríodoce, pidiendo omitir sus nombres.
En La Brecha, cabeza de la sindicatura del mismo nombre y ubicada a 21 kilómetros al poniente de la carretera Internacional México 15, no hay otro tema que no sea la Chayito, quien, aseguran, ya era famosa y querida en el pueblo, mucho antes de empezar a cosechar triunfos en el taekwondo.
Ahora, en esa comunidad de pescadores, agricultores y ganaderos, la mayoría de los lugareños no solo se dicen amigos, sino parientes de María del Rosario. Y los de apellido Espinoza no requieren ni explicar su árbol genealógico, su pase al parentesco es automático.
Sus acercamientos
Los primeros pininos de la campeona María del Rosario Espinoza siempre dieron de qué hablar en su natal La Brecha. Su abuela Ubaldina, que de cariño le conocen como Uba, deja de lado su desvelo, tras abandonar su cama donde reposa, recibe a Ríodoce, con mucho entusiasmo. “Me da mucho gusto que vengan hasta acá, a compartir con nosotros esta felicidad; ha venido gente de todas partes, de todo México”. Mientras corre la entrevista, llega al lugar más familia y gente curiosa que aprovecha de paso su llegada a Las Glorias, para conocer el terruño de la campeona.
Comparten que María del Rosario es una muchacha muy sencilla, que desde pequeña era famosa por subirse a una yegua con sus primos y andar en una carreta de burros, paseando plebes. Se hacía la dormida en los camiones “chevos”, así se les llama a los transportes de pasajeros foráneos, para que no le cobraran.
“Desde chiquita, la Chayo siempre fue muy “guacha”; se ponía a los guantes con otros niños; andaba muy seguido en una carreta de burros por todas las calles de La Brecha, paseando al plebero y haciendo relajo”, coincidieron Plácido Espinoza Espinoza y José María Leyva, tíos de la taekwondoina.
Según sus familiares, “desde que estaba en la primaria empezaron sus inquietudes con las artes marciales. Empezó sus estudios con un joven llamado Rubén, que daba clases en una casa del pueblo. No cobraba; lo hacía por ayudar a la gente. Pero ya lo mataron al pobre, en un asalto, para quitarle el carro”.
Desde entonces, según la voz de La Brecha, María el Rosario empezó a destacar entre el “plebero”. Era la que tiraba las patadas más altas; la que pegaba más fuerte. Se le veía la casta así como su pie grande que calza del nueve y medio. Pero asegura que nunca fue “peleonera”; eso sí, “nomás que no se metieran con ella”, asegura su tío Plácido.
La Ruptura
María del Rosario llegó a entrenar, pagando su respectiva mensualidad, con Rolando García Leal, en los inicios del 2001, y fue con quien se dio a conocer en sus primeras participaciones fuera del municipio. La tenacidad de la taekwondoín era implacable, tanto que sin el apoyo del Gobierno, según sus vecinos, “no daban un cacahuate por ella”; con el único apoyo económico de la familia en 2003 empezó a viajar y los títulos, premiaciones y medallas empezaron a fluir. En ese mismo año obtuvo el título de la Olimpiada Nacional en Saltillo, Coahuila, accediendo con sus destacados resultados juveniles a conformar la selección nacional.
Logro tras logro, año tras año, la brecheña fue cosechando preseas e insignias de todo tipo. Después obtuvo el primer lugar en el Campeonato Panamericano Juvenil en Río de Janeiro, Brasil. Luego de ser seleccionada nacional en el 2005, la fama de la joven, de entonces 18 años de edad, crecía desmesuradamente, pero no la de su entrenador.
Mordido por la serpiente de la codicia, aseguran familiares “pedía a Chayito, que lo promoviera para llegar a la Conade (Comisión Nacional del Deporte), le decía que le agradeciera en público para proyectarlo”. Aseguraron a Ríodoce que es Rolando quien más se ha colgado de la medalla de la deportista. Confirmando de esta manera el origen del rumor del distanciamiento de la joven y de su entrenador.
“Es mucho para él (Rolando García), la Conade es mucho, pero lo que menos nos gusta es que quiera hacerse fama de María del Rosario, pues él cobra, a él se le pagaba, no le hizo ni un favor”, dijeron familiares, que aseguraron que junto con María, entrenaban con él dos sobrinas más.
Tras la omisión del favor que le pedía su entrenador para entrar al organigrama federal, la distancia se hizo abismal. Misma que se reflejó en el 2007, en los XV Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, Brasil, adjudicándose la medalla de oro en la categoría menos de 67 kilogramos. La joven y su entrenador ya no se hablaban igual, pues corría a cargo de otros entrenadores de la Conade y de la Federación Mexicana de Tae Kwon Do. Y ya no volvieron a tener comunicación.
¿Guasavense ilustre?
La mayor controversia desatada en el municipio sobre Espinoza, fue sin duda a finales del 2007, con la designación de la joven por parte del alcalde Blas Ramón Rubio Lara, como una guasavense ilustre. La polémica se desató cuando literatos e intelectuales locales alegaron que aunque la joven es un orgullo guasavense, no aplicaba para descansar junto a hombres y mujeres de prosapia como el doctor Raúl Cervantes Ahumada y la profesora Ignacia Arrayales, que dejaron un legado de obras e historia en el municipio, así como una trayectoria de vida en las nuevas generaciones. “Es una guasavense distinguida y muy orgullosos estamos, pero no es ilustre”, justificaban. La controversia sigue vigente y divide a un segmento importante de la población.
Lágrimas y risas
Su tío Plácido recuerda que en sus años de primaria, María del Rosario conducía una carreta jalada por burros, a la que subía a todos los niños que cabían, y empezaba a dar vueltas por todo el pueblo, con un plebero gritando y haciendo relajo. Desde entonces el gusto por esa carreta desde muy chiquita, cuando todavía ni caminaba, porque su abuelo, el Quequé, la llevaba a pasear, y eso, para ellos era lo máximo.
Chayito era muy apegada a su abuelo. En el 2002 el destino le jugó uno de los más amargos momentos de su vida con la muerte de su abuelo. “Por eso sufrió mucho el día que murió del corazón, hace algunos seis años”, explica su otro tío, José María Leyva.
Se cuentan muchas charras de la atleta, tantas que no cabrían en este reportaje. Los lugareños se lucen con la prensa. Sus dos tíos también recuerdan que, aunque siempre fue muy derecha, obligada por la necesidad, a veces se hacía la dormida en los camiones que la llevaban de La Brecha a la ciudad de Guasave, para estudiar la secundaria.
“Nos contaba la Chayito que hacía grandes esfuerzos para no soltar la risa cuando los cobradores la zarandeaban con intenciones de despertarla y exigirle boleto, pero ella se aguantaba y no abría los ojos, pues no tenía para pagar el pasaje, menos para gastar a la hora del recreo en la secundaria. De regreso, se venía de “raite”, junto con varias amigas suyas, también de padres pobres”.
El reportero pregunta a bocajarro.
—¿Creen ustedes que se le van a subir los humos a la Chayito?
Sin pensarla, los tíos responden que no, que la conocen desde chica y saben que con dinero o sin dinero, sin fama o con fama, siempre será la Chayito; “esa muchachita es pura risa, humilde y amiga de todos. Aquí la vamos a esperar con su carreta de burros lista, a la entrada del pueblo, para que ella misma la maneje y se pasee por todo el pueblo”, finalizaron.
Ante las exigencias de la clase política para que no se meta en el proceso electoral y para que sí lo haga, el gobernador Mario López Valdez promete públicamente lo que no puede cumplir por la vía de los hechos porque para nadie es un secreto que tiene candidatos, que los apoya y que incluso ya calculó que Josefina Vázquez Mota no logrará repuntar en la carrera presidencial, de ahí su rechazo al espaldarazo público que le pide el PAN.
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