La polémica acerca de anular o no el voto este domingo 5 de julio llegó a ciertos sectores de la sociedad que están informados y que han desarrollado sus capacidades reflexivas y críticas, propias de ciudadanos libres. Pero no llegó al grueso de la sociedad mexicana.
Yo más bien creo que habrá cuatro tipos de votos anulados en este proceso: los de la abstención, que indica que ha crecido el desinterés de los electores para expresar su voluntad política en las urnas —lo que es también una manera de manifestar su desconfianza en los políticos y sus partidos—. Es esa gran masa de votantes despolitizados, indiferentes o hartos de las andanzas de los políticos sinvergüenzas que según los analistas llegaría hasta el 70 por ciento de los electores. Los del “voto nulo”, que en actitud de luchar por cambiar el sistema político que tenemos, anularán conciente y valientemente su voto.
Luego, los del voto condicionado, o comprado, de aquellos que ante su situación de pobreza prefieren sacar un beneficio inmediato en dinero o en especie, lo que anula su verdadera preferencia, su voluntad y su dignidad ciudadana. Finalmente, los que sinceramente van a las urnas a ejercer su derecho libremente en torno a una opción de candidatos, de programas o de partidos, pero que en último término, su voto se anula ante la fuerza del “libre mercado” de votos y de voluntades.
Existen muchas condiciones que reafirman una cosa: el voto de la mayoría de la población está ya anulado de antemano. Nuestra democracia decrece. ¿Cuáles son algunas de esas condiciones que han hecho del voto voluntario un voto anulado? Veamos de manera sucinta:
Una cuestión que es fundamental en este punto es la infame desigualdad social y económica cada vez más acentuada (bajos sueldos y salarios, desempleo, carestía, impuestos abusivos, pobreza y miseria, etcétera), que trae aparejada la inmediata búsqueda de opciones para sobrevivir, incluyendo la venta del voto al mejor postor. Ello, como es lógico, es utilizado con fines electoreros, lo cual cobra distintas formas, por ejemplo: las “ayudas” en dinero, las becas, las despensas, el “apoyo” con materiales de construcción (cemento, láminas, etcétera), la introducción de servicios públicos de parte de los gobiernos en apoyo a sus candidatos, el “otorgamiento” de servicios de salud y medicinas, como si fueran “favores”, etcétera.
Algo que no ha sido suficientemente controlado, y que es motivo de mutuas acusaciones, sobre todo entre el PRI y el PAN, es el uso ilegal de los programas sociales como el de Oportunidades, los cuales constituyen uno de los instrumentos más socorridos para la suma de votos, ya que las personas que son beneficiadas son chantajeadas, a veces de manera sutil y otras veces de forma abierta y burda, para agradecer las ayudas a cambio del control y del voto. Se dice para ejemplificar, que el gasto de la Secretaría de Desarrollo Social a nivel federal y su semejante a nivel estatal, han gastado en este primer trimestre, el 94 por ciento de su presupuesto, lo cual es más sorprendente dado los aumentos en esos mismos presupuestos.
Junto a todo lo anterior, cada vez se conocen más y más testimonios de la compra abierta de votos, que seguramente se incrementarán este día de votaciones. El mercadeo de votos se intensifica sobre todo cuando las campañas se polarizan, es decir, cuando hay una lucha cerrada entre las preferencias de la población por uno u otro bando. En otros casos sucede cuando los gobiernos y los partidos sienten temor por los efectos de fuerzas emergentes que se colocan en la disputa electoral real. Tal vez en el primer caso pudiéramos colocar el ejemplo de Guasave, donde PRI y PAN se están dando “hasta con la cubeta”, y requieren garantizar su triunfo con la compra abierta de votos.
En el segundo caso pudiéramos hablar del distrito 05 de Culiacán. Aquí, la tradicional disputa entre priístas y panistas se ha encontrado con una candidatura perredista, la del joven universitario Arturo Nevárez que, a pesar de todas sus limitaciones financieras, levantó simpatías en una población llena de resentimiento contra las tropelías de los malos gobiernos y de los políticos depredadores, población que aún no pierde la esperanza de que las cosas cambien.
Desafortunadamente, el dinero (muchísimo dinero que están tirando los gobiernos federal y estatal, los partidos, los candidatos y sus padrinos) para la compra de votos, será un factor determinante para que la suma de votos favorezca a uno u otro de esos partidos enquistados en el poder. El otro factor que seguramente influirá para que uno de esos partidos gane la contienda es la ausencia de coraje y de un compromiso verdadero del propio PRD por ganar la contienda.
A todo lo anterior habría que añadirle un IFE deslegitimado, un Trife que actúa facciosamente, unos medios de comunicación manipuladores de la conciencia de la gente, estrategias de campaña cargadas de basura y lodo, división de las izquierdas, violación de la Ley Electoral por televisoras, partidos y gobiernos, en fin, mientras no crezca el número de ciudadanos libres y se combatan los problemas estructurales que generan la desigualdad social, el voto de los mexicanos seguirá siendo un voto nulo.
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