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>>“No se vale, solo porque sean de Sinaloa”, dicen familiares
Les pidieron silencio, que se callaran, porque se podría entorpecer su búsqueda. “Nada a los periódicos”, les ordenaron las autoridades tamaulipecas.
Acataron con esperanza la petición, pero la desesperación ha hecho que exploten. No pueden guardar silencio ante lo que están padeciendo.
Y explotan: “No nos están ayudando. Parece que se los tragó la tierra”. Son los familiares de los nueve guasavenses desaparecidos en Nuevo Laredo, Tamaulipas, hace dos semanas.
Salieron con destino a la fronteriza ciudad, contratados por la empresa Nextel, a donde ya habían ido en ocasiones anteriores a instalar antenas telefónicas.
Los nueve formaban una brigada al mando del ingeniero Eduardo Toyota, hijo del conocido maestro formador de generaciones y funcionario educativo, Eduardo Toyota Jacobo.
Desde el viernes 19 de junio pasado nada se sabe de ellos.
Los guasavenses hoy intensamente buscados y cuya ausencia mantiene en la zozobra a sus padres, esposas, hijos y demás familiares, son Julio César Ochoa Romo, de 20 años, vecinos de Tamazula; Víctor Romero, de 33 años, con domicilio en Palos Verdes; José Hugo Camacho Fierro, de 37 años, vecino de Tamazula; Carlos y Ricardo Peña Mexía, nativos de la ciudad de Guasave, pero con domicilio temporal en Celaya, Guanajuato; Marcelino Moreno Leal, de 34 años, de Las Pilas, Guasave; Constantino García Jiménez, de 46 años, de Tamazula; Roberto Gutiérrez Medina, de 32 años, de Tamazula; y Eduardo Toyota, de 43, vecino de la ciudad de Guasave.
El último contacto
Como lo hacía todos los días antes de irse a dormir, uno de los hermanos Peña Mexía llamó a su casa, en Celaya, Guanajuato, donde vive con su esposa desde hace algunos años. Era el viernes 19 de junio.
Esa era la costumbre, pues con frecuencia pasaba semanas fuera de su casa por cuestiones de trabajo.
Ya estaban todos instalados en un departamento en Nuevo Laredo, y antes de despedirse y desear las buenas noches, le contó un cuento a uno de sus hijos menores.
La esposa se quedó esperando la cotidiana llamada matutina. Pensó que se encontraban en algún lugar donde no había señal, como solía suceder, pues acudían a cerros distantes a colocar las antenas.
Era sábado 20 y pensó que probablemente se comunicara por la tarde o noche. No sucedió y empezó a cundir la alarma, que se convirtió en terror cuando tampoco hicieron contacto el domino 21 de junio, “Día del Padre”.
No dejarían de comunicarse en un día como ese estando en condiciones normales.
Reacción desesperada
El martes, los familiares de Eduardo Toyota hablaron con un funcionario de la compañía Nextel, a quien le expusieron la situación. Este se comprometió a investigar la situación, aunque les dijo que la brigada de guasavenses no había reportado actividad en la bitácora de fin de semana, a lo que estaban obligados.
El mismo funcionario envió a una persona al departamento rentado por los guasavenses, quien encontró la chapa violada.
Al ingresar pudo observar un gran desorden en el interior, que evidenciaban que en el lugar hubo forcejeos.
Al día siguiente, martes 23, las esposas de los hermanos Peña Mexía llegaron a Nuevo Laredo para interponer denuncia formal por la desaparición, yendo incluso en contra de las indicaciones de funcionarios de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Tamaulipas, que les pedían no ir, por temor a algún tipo de agresión.
Una versión
Dice Osvaldo Toyota, hermano de Eduardo, quien iba al frente de la brigada, y Karina, hermana de los hermanos Peña Mexía, que hay versiones en el sentido de que fueron individuos armados, vestidos de negro y que llegaron en camionetas negras, quienes se llevaron a los guasavenses.
Comentan que ya los trabajadores habían recibido amenazas y les habían pedido que no fueran a Tamaulipas, pero regresaron por necesidad.
“No se vale, solo porque sean de Sinaloa, no se vale”, expresa Karina, quien al principio tuvo la esperanza de que hubieran sido detenidos por alguna corporación policiaca, pero ya la ha perdido.
Sospechan que hay odio en la trama. Incluso familiares que han ido a Tamaulipas por el caso, lo hacen en vehículos con placas de otros estados, y no de Sinaloa, por temor a una agresión.
Toyota y Karina se quejan de la falta de apoyo del Gobierno de Sinaloa y de Tamaulipas, y por eso están llevando el caso a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a la Presidencia de la República y a todos los medios nacionales.
Lo están haciendo porque “esto ya no aguanta más”.
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