Al cumplir 70 años inició el homenaje nacional a José Emilio Pacheco, poeta, novelista, cuentista, ensayista, traductor, antólogo y cronista cultural. Recibe la víspera de su cumpleaños (el 30 de junio), la medalla de oro de Bellas Artes de manos del secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio.
Al poeta lo acompañan, entre muchos otros escritores, Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska, y es la periodista quien describe: “Sus poemas crecen luminosos a lo largo de los años, son un cantar de los cantares, cada línea llega a su perfección última y se vuelve sagrada”.
Y Elena continúa diciendo: “Su deseo lo lleva a convertir su poesía y su prosa en actos de amor, los jóvenes lo abrazan porque ha ido con ellos de la mano en su búsqueda interior. Durante todos esos años, nunca ha perdido el rumbo ni se ha atascado en la playa porque no se la cree y sabe comenzar de nuevo”.
Pacheco, con su característica humildad asevera: “El mérito no es de mi persona, sino de los libros y lo que sus lectoras y lectores han visto en ellos, muchas veces para asombro de su autor”. Y sus lectores son muchos, ya que por su popularidad la Sala Manuel M. Ponce no era suficiente para sus admiradores, se colocaron una pantalla grande y sillas en el exterior del Palacio de Bellas Artes.
Por su parte, Carlos Monsiváis expresó que este “es un homenaje a un escritor que sin protagonismos, aunque no sin personaje poético, ha sostenido por más de medio siglo su compromiso con la literatura”. Y respecto a la relación de Pacheco y las tradiciones, recordemos que el pasado mes de mayo José Emilio Pacheco recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y hace unos días el Gobierno del Distrito Federal le otorgó la Medalla 1808.
Es motivo de celebración en muchas universidades e instituciones del país el contar entre nosotros con un poeta que ha sido muy bien acogido por los jóvenes, ya que como asegura Elena Poniatowska, los jóvenes se arrodillan ante este poeta y escritor”.
José Emilio Pacheco cuenta entre sus poemarios más conocidos con Los elementos de la noche (1963), El reposo del fuego (1966), No me preguntes cómo pasa el tiempo (1970), Islas a la deriva (1976), Trabajos en el mar (1983) y en su narrativa La sangre de la Medusa y otros cuentos marginales (1959), El viento distante (1963-1969), El principio del placer (1972) y Las batallas del desierto (1981).
Carlos Monsiváis reseña que “a la íntima celebración” de sus 70 años, dedica José Emilio Pacheco sus dos libros recientes, Como la lluvia y La edad de las tinieblas (ediciones Era), no muy distintos en los temas pero sí en las narraciones. Continúa la obsesión por la paradoja, por el final desdichado, por la fugacidad que es la permanencia posible de la especie, por las metamorfosis sucesivas de la misma ciudad (el pasado no es solo otro país, es otro idioma, es otra disposición de la mirada, es otra fortificación de los instantes), por la caída casi teológica que es la justificación de los encumbramientos rápidos, por el duelo, el sufrimiento o las devastaciones que acechan o están allí, para ser indagados, en unos frijoles saltarines o un objeto bello como el jabón oval: “A Pacheco no le interesa tanto un paisaje de las abstracciones como el detalle del horror, de la crueldad que ameniza las fiestas, de la antropofagia que es la dialéctica de la naturaleza, del sorteo que decide quién será sacrificado o exaltado esta noche”.
Y finaliza Monsiváis: “José Emilio Pacheco en estos dos libros nos da la oportunidad de intervenir admirativamente en su despliegue de maestría, de inteligencia poética y de pesimismo que en el transcurso de los textos deja de ser ideología para transformarse, con o sin moralejas, solo en literatura”.
Guasave.- “Uta madre, los sicarios”, dijo en voz baja aquel escuálido joven a su esposa cuando ambos aguardaban a la entrada del Hospital General de esta ciudad a que una de sus familiares sanara.
Hay quienes afirman que con estas muertes se estaría inaugurando una nueva forma de matar, ¿usted qué opina? —le preguntó Ríodoce al director del penal de Mazatlán, Joaquín Melquíades Cervantes Gutiérrez, el pasado 25 de enero.