Otra vez el silencio es el nombre de la nueva obra del doctor Everardo Mendoza, catedrático de la Universidad Autónoma de Sinaloa y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, quien nos sorprende con los siete cuentos que conforman su obra, ya que impresiona la maestría con la que un investigador filológico y doctor en Lingüística logra conjugar los saberes de la lengua para ponerlos al servicio de una literatura que recrea el rico y variado léxico popular de nuestro estado.
En la presentación, el periodista Javier Valdez dijo que en la obra de Mendoza “vio una película, pues habla como la gente de la calle y la cola de las tortillas; Everardo Mendoza recoge lo culichi, el lenguaje de las calles y de las cantinas” sin dejar de mencionar que le habría gustado encontrar más groserías en los cuentos.
Es muy interesante observar cómo la trayectoria profesional y académica de Everardo es de consistencia fuerte y compleja. Para Mendoza el cuento es un descanso de la lingüística y el deleite por su ejercicio le viene desde hace décadas.
Everardo Mendoza lleva años realizando investigación lingüística y se ha especializado en rastrear el uso del español en el Norte de México y, en particular, en Sinaloa, seguramente ahí podemos encontrar parte del rico lenguaje plasmado en sus cuentos. Los cuentos tratan de temas del acontecer de nuestra tierra, de la reconciliación con uno mismo mediante los recuerdos y de la voz que nos habla y se expresa sin miedo; son de una simplicidad aparente que encierra una experiencia técnica y practica que no es común tener en nuestra literatura, esta simplicidad aparente y las imágenes que encierra, terminan por ser la cualidad por la que acabamos encantados con los cuentos de Mendoza.
Quién te viera con esa facha de francés. Tan educado y decente. Quién supiera, maldito, de tus malas manías. Sé que esta nota no es de tu libro, pero es bien cercana y aprovecho para felicitarte. Se te quiere, ni modos.
Los hombres armados llegaron con el herido hasta la base de la Cruz Roja de aquella sindicatura. Encañonaron a los tres paramédicos: “Ustedes se lo llevan a donde digamos sin reportar por el radio”, les increpó uno de ellos.
Hechos que se engarzan, nombres, atentados contra comandantes, un ex subsecretario de Gobierno bajo arraigo, un ex director de la Dirección de Servicio de Protección (DSP) que sale a la palestra en pleno proceso electoral y el asesinato del director de la DSP.
En las cifras ocultas de la violencia en México, los niños que han caído en medio del fuego cruzado entre bandas del crimen organizado significan la más infame de todas las historias que puedan contarse de la guerra que a diario y en todas partes libran entre sí, o contra el Gobierno, los narcotraficantes y sus sicarios.