En medio de protestas de López Obrador ante Televisa por la desinformación que ha llevado a cabo en contra de su movimiento y por negarse a reconocer el derecho de réplica que tiene, la empresa televisiva ha proporcionado un espacio para que los tres presidentes de los partidos grandes de México debatan acerca de los problemas gruesos del país.
Así, Beatriz Paredes, Germán Martínez y Jesús Ortega, se sentaron frente a las cámaras para discutir la problemática nacional en el contexto del proceso electoral que está en marcha. Al final, si bien se tocaron puntos nodales del país, también se convirtió en un show mediático.
Inicialmente, el debate había sido pactado solo entre priistas y panistas. Pero las presiones al IFE le hicieron acordar que, en aras de no afectar “la equidad”, el debate se realizara entre los tres partidos. Por desgracia la “equidad” la entienden mal, pues excluyen al resto de los partidos que, aunque pequeños, también tienen cosas qué decir. Peor aún, esa famosa “equidad” excluye y ha excluido del análisis y la discusión seria, a un conjunto de personalidades de la sociedad civil que, de igual manera, tienen muchísimo más qué decir, pues no sufren de tantas ataduras como las que impone pertenecer a un partido político.
No cabe duda, las críticas al sistema de partidos tienen una razón fundamental: la defensa de los derechos ciudadanos y la construcción de una cultura de participación. Por eso, no es posible convertir la reunión de tres dirigentes partidarios en un mero espectáculo televisivo. De lo que se trata es que los medios se abran permanentemente para dar a conocer las diversas voces y expresiones existentes en nuestro país. Solo así la población podrá acostumbrarse a analizar los asuntos públicos, lo que generará una cultura de información, análisis y participación.
En Sinaloa, sin embargo, el debate entre jefes de partidos, candidatos o personalidades está, en lo fundamental, ausente. Desafortunadamente son pocos los espacios que el IFE ha organizado para debatir. Si acaso ha permitido cierta equidad, esa sí, en radio y televisión. Pero han sido comparecencias más que discusión. También es lamentable que las universidades no hayan promovido foros, mesas y debates para que la intelectualidad estudiantil y magisterial profundice la circulación del saber social a partir de coyunturas como esta. Solo algunos organismos, como la Canaco o la Coparmex han tenido a bien invitar a los distintos candidatos a exponer y defender sus ideas e iniciativas programáticas. Asimismo, distintos programas de Radio UAS y de radiodifusoras comerciales han invitado en diversos momentos y con diferentes modalidades a los candidatos. El IFE en coordinación con organizaciones de profesionales trajo, por ejemplo, a conferencia a un magistrado jalisciense para discutir acerca del voto nulo. Pero todo eso es poco y poco atractivo para la gente.
No obstante, quiero compartir con ustedes lo sucedido en una de esas reuniones políticas organizada por la Coparmex para que los candidatos del distrito 05 de Culiacán expusieran sus propuestas ante unos sesenta empresarios sinaloenses; ahí, como era de esperarse, sucedieron cosas interesantes. Primero, el desplante del candidato del PRI al no asistir, siguiendo la estrategia marcada por su partido para no “perder” el tiempo en discusiones con los otros candidatos (saben bien que no le iría nada bien). En segundo lugar, las disertaciones del candidato del PAN, Radamés Díaz y del PRD, Arturo Nevárez, estuvieron bien, sobre todo la del segundo, quien con un discurso mejor hilvanado y más vivaz, se colocó por segunda ocasión en el virtual ganador —si es que se quisiera buscar un ganador—. La primera vez que estuvieron juntos fue en un evento organizado por el periódico Noroeste que se transmitió vía Internet. Ahí, esa empresa editorial colocó a ambos prácticamente en el mismo nivel. En esta segunda ocasión, al terminar la ronda de preguntas y respuestas, Radamés tomó la mano del profesor universitario y se la levantó en señal —diplomática, obviamente— de triunfo. Y en ese juego ingenioso y cortés, Arturo Nevárez le dijo: “Mejor espérate para cuando gane la elección”.
La vida democrática en un país que ha llegado tardíamente a su búsqueda, ha generado grandes y rápidos desencantos entre la población. Y si los partidos políticos, el Gobierno y los medios, no entienden que se requiere abrir espacios y canales de participación política ciudadana real, como el análisis y el debate de ideas, entonces se estará abonando el terreno para que la pólvora, cada vez más oprimida, estalle de muchas maneras, aunque la sociedad mexicana sea pacífica en general. Recuérdese, el fantasma de la revolución está presente todavía. La revolución de Independencia, las leyes de Reforma y la Revolución Mexicana, fueron tres periodos en que nuestro pueblo se levantó en armas contra la opresión y la explotación de los poderosos que se creyeron dueños de todo. Fueron tres momentos históricos en que la República se renovó. Ahora estamos caminando hacia la cuarta República. La pregunta es: ¿por qué vía? El cambio pacífico es el que conviene más, pero… todos tienen que poner algo de su parte. He ahí otro asunto a debate. ¿Quién le entra?
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