Mandarinas y Naranjas: Cuento costumbrista PDF Imprimir E-Mail
Celia Cortés   
Lunes 18 de mayo de 2009

Sueños perdidos gana también el Premio Mocorito

El Premio Mocorito ha ido creciendo en prestigio porque cuida mucho los detalles: no interfiere con la decisión del jurado y a la hora de saber el veredicto se abren las plicas en sesión pública y ante notario.

En esta ocasión, el Premio Mocorito 2009, en la categoría de poesía, le correspondió doblemente a Cesáreo Martínez Tavizón. Su obra Sueños Perdidos, poesía compuesta por quince estrofas de cuartetas dodecasílabas, fue celebrada por el jurado que presidió en esta ocasión Manuel de Atocha Rodríguez Larios, y en el dictamen indican que esta obra fue realizada con un vocabulario adecuado, muy respetuoso de ortografía, sintaxis y prosodia.

Además, Martínez Tavizón utilizó felizmente la rima, elemento hoy no valorado por poetas actuales, que da una fuerza tonal que permite al lector no pierda ritmo. Este último, de excelente cadencia, mantenida por acentuación en las sílabas tercera, séptima y onceava y a partir del primer verso de la séptima estrofa cambia al metro dodecasílabo, que no destruye el ritmo y lo mantiene hasta el final. El jurado indica que el metro dodecasílabo da un ritmo tranquilo al verso.

En las consideraciones referentes a la categoría de cuento, que será entregado a Pedro Alán Gaxiola Vega, el jurado indica que Mandarinas y Naranjas es un cuento costumbrista que detalla el ambiente boxístico de un pueblo rural. A pesar de no ser cuento breve, porque cumple con el mínimo de 30 cuartillas señaladas en la convocatoria al Premio Mocorito, este cuento se plantea con una estructura lineal, pero engañosa, donde el narrador testigo otea lentamente el entorno donde se desarrollan las acciones, desviándose a veces con flashbacks que nos mantienen pendientes de la trama que entrelaza a tres protagonistas con un equilibrio muy bien logrado.

Un cuento de estructura clásica, de tema interesante, poco abordado con anterioridad, de trama ligera y que aunque utiliza lenguaje coloquial, el autor lo maneja con elegancia, propiedad y respeto por la gramática, manteniendo la atención en suspenso que avanza al final un poco diluido, como olas de bajamar en un océano de desesperanza.

Estas fueron algunas de las palabras que el jurado plasmó al calificar Mandarinas y Naranjas.

Aquí, a modo de Scherezada, incluimos un fragmento del cuento premiado para iniciar a paladearlo. La entrega del Premio Mocorito está programado este año para el 29 de mayo en dicha capital municipal.
 

Lee un fragmento de Mandarinas y Naranjas AQUÍ

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