Advertisement
Negligencia criminal PDF Imprimir E-Mail
Cayetano Osuna   
Lunes 25 de agosto de 2008

El Gobierno del Estado ignoró la advertencia del enfrentamiento

 

MAZATLÁN, 25 de agosto de 2008.- Desde abril, el Gobierno del Estado y los altos mandos del penal de Mazatlán estaban advertidos que tanto el finado Armando Cifuentes Simental, alias el Catín, y su grupo, como sus adversarios estaban armados y que habría enfrentamiento a balazos, pero las autoridades estatales con su negligencia dejaron correr la sangre impunemente.

 

Las Balaceras
 

Parecía que los enfrentamientos a balazos que habían amainado en Culiacán se habían trasladado al escenario del sur de Sinaloa.

El itinerario de los enfrentamientos a balazos comenzó el 12 de agosto, cerca del kilómetro 4 de la Carretera Internacional 15, México-Nogales, al norte del ejido El Venadillo, en Mazatlán, donde Javier Octavio Quintana Padilla y Rodolfo Tirado Osuna, oficiales de la Policía Federal de Proximidad Social, fueron asesinados por delincuentes.

El viernes 14 de agosto, en un enfrentamiento con malandrines, ocurrido en diferentes partes de la zona rural y periferia de Mazatlán, también al norte del puerto, murió el policía municipal Santiago Miguel Aliar y fueron heridos cuatro de sus compañeros.

El 17 de agosto, en los Otates, Rosario, en un enfrentamiento a balazos entre familias adversarias entre sí, al terminar una boda fueron asesinados Juan Luis López Martínez, Raúl Ríos Véliz y Marcelo Ríos Véliz, pero además resultaron lesionados Reynaldo Ríos Véliz y Zenayda Isabel López Martínez.

Pero las balaceras no respetaban barreras de ningún tipo porque el sábado 16 de agosto se dio el enfrentamiento dentro del penal de Mazatlán, donde murieron cuatro internos y otros dos más quedaron heridos.

El hermetismo

En el Centro de Ejecución de las Consecuencias Jurídicas del Delito (Cecjude), no solo habitan mil 807 reos que cometieron diversos delitos, sino autoridades carcelarias presas del silencio sepulcral que dejó el enfrentamiento a balazos entre dos grupos que luchan aparentemente por controlar la venta de drogas, ocurrido el sábado 16 de agosto, donde murieron cuatro internos y dos más resultaron heridos.

En el penal impera el mismo hermetismo del domingo 20 de abril de este año, cuando el reo Juan Manuel Aguirre Saucedo, ex integrante del grupo de sicarios conocido como Los Zetas, murió asesinado con un ojo sacado a puntazos por uno de los grupos de poder que participó en la balacera.

Desde entonces, algunos celadores del Cecjude, advirtieron a este semanario que los dos grupos de poder en pugna andaban armados y que de un momento a otro se enfrentarían sin importarles que fuera un día de visita.

El 28 de abril, Ríodoce (edición 274) cuestionó al gobernador del estado, Jesús Aguilar Padilla, si estaban esperando que corriera más la sangre para poner orden dentro del penal del puerto y la respuesta del jefe del Ejecutivo estatal fue de antología: “En el penal de Mazatlán hay orden y en todos los penales del estado”, dijo Aguilar Padilla.

El sábado 16 de agosto, a las 12:30 horas, dentro del reclusorio, entre mujeres, ancianos y niños, había alrededor de 400 personas de visita; mil 807 reos y el personal administrativo; cuando se desató la cruenta balacera donde cayó muerto Armando Cifuentes Simental, el Catín, de 41 años de edad, quien estaba preso desde 1989 por los delitos contra la salud y homicidio agravado.

Junto con el Catín, quien era considerado el líder de uno de los grupos de poder dentro del penal, murió Héctor Lizárraga Ramos, el Caballo, de 35 años de edad, presunto secuestrador en 2002 del empresario mazatleco Sergio Coppel.

Asimismo murieron abatidos a tiros, Francisco Javier Gutiérrez Álvarez, de 36 años de edad, quien purgaba condena desde el 2005 por el delito de violación y Santos Virgen Pasillas, de 34 años de edad, recluido desde julio pasado por delitos contra la salud.

Igualmente en la refriega fueron heridos los internos José Rivera Díaz, de 43 años de edad y Juan Salterio Arellano Ramírez, de 48 años de edad.

De acuerdo con versiones no confirmadas que circulan dentro del Cecjude, los tres internos muertos pertenecían al grupo del Catín.

Sabuesos

Para buscar las armas utilizadas en el enfrentamiento, el sábado 16 de agosto a las 17:15 horas, 34 agentes de la Policía Federal Preventiva (PFP), al mando del comandante Gildardo Sánchez Fernández, revisaron los módulos cinco, siete y ocho, pero dichas armas no fueron encontradas por ningún lado.

En la revisión, lo que los elementos de la PFP sí encontraron fueron 30 teléfonos celulares, armas punzo cortantes conocidas como puntas y 660 bolsas de plástico con una hierba seca, al parecer marihuana.

El domingo 17 de agosto a las 6:00 horas, tanto elementos de la Agencia Federal de Investigaciones y agentes de la Policía Estatal Preventiva, se sumaron a la búsqueda de las armas iniciada por la PFP, desde el módulo uno hasta el módulo nueve, con resultados infructuosos.

“Para encontrar las armas ocultas se necesita un sabueso, pero ya no hay y los que hay están muy viejos”, dijo una fuente policiaca.

En el escenario de la refriega se encontraron cascajos de balas calibre .38 Súper, .9 y .380 milímetros, pero las armas utilizadas en la balacera continúan “perdidas”.

El temor que se vive dentro del penal es que las armas vuelvan a aparecer, porque se ha corrido el rumor de que uno de los grupos atacará de nuevo.

El Catín

Fuentes extraoficiales de Ríodoce afirman que quienes querían ver muerto al Catín tenían que asesinarlo antes de que saliera del penal, porque el finado estaba promoviendo su pronta libertad.

“Sabían que si el Catín salía del reclusorio, afuera nadie le podía hacer nada porque afuera era un diablo”, sostiene la fuente.

Sobre los móviles reales del enfrentamiento, aseguran que se debió a un pleito por controlar el territorio de la venta de drogas dentro del penal.

“Del Departamento de Mujeres hacia un lado controlaba el Catín, y hacía el otro extremo controlaba el grupo adversario de él, pero aquél apoyado por los altos mandos del penal, quería controlarlo todo”.

Obviamente, dicen, las armas entraron por la puerta principal del Cecjude, y hay quienes afirman que el ex director Cuauhtémoc Valdez, habría vendido su arma a algún interno, antes de ser destituido por la fuga de Papá Chente ocurrida el 7 de octubre de 2007.

Encañonado

El día del enfrentamiento entre los grupos de poder dentro del penal corrió la versión de que Juan Carlos Nataren Ovando, jefe del Departamento de Seguridad del Cecjude, conocido con la clave “águila”, había sido encañonado con una pistola por dos internos que participaron en la balacera.

Nataren habría gritado a los celadores que realizaban disparos al aire, que no dispararan, porque allí lo llevaban encañonado como rehén.

Entrevistado por Ríodoce, “águila” niega que haya sido encañonado y lo hayan tomado como rehén.

“Si hubiera sido cierto que me encañonaron en la cabeza ya me habrían dado de baja y quien sabe si allí mismo me hubieran matado”, dijo.

“Lo que pasa, agregó, es que yo saqué a la gente (las visitas) para este lado de acá, porque para allá era el movimiento (la balacera)”.

Por su parte, Carmen Guadalupe Camacho Inzunza, directora del Cecjude de Mazatlán, sostiene que dentro del penal existen empleados traidores porque las armas entraron por la puerta principal.

Pero la Procuraduría General de la República llamará a declarar no solo a los celadores que se encontraban laborando el día de la balacera, sino a la propia directora del penal de Mazatlán, porque no descartan que las armas detonadas sean las utilizadas por los custodios en la vigilancia.
 

Comentarios
Añadir nuevoBuscar
Escribir comentario
Nombre:
Tí­tulo:

Powered by JoomlaCommentCopyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved.Homepage: http://cavo.co.nr/

 
< Anterior   Siguiente >