Si oyes balazos te haces bolita, le dice su madre...

Javier Valdez.
Y volvieron los días de mayo. La gente ya no sale a las calles. Antes se habían restringido durante la noche, ahora es todo el día. Evitan acudir a los centros comerciales y en general la vida fuera de sus viviendas y sus centros de trabajo. En la calle, las banquetas, los cruceros, sólo hay balas perdidas, buscando siempre herir cuerpos humanos. La sicosis, las falsas alarmas. Vivir en la guerra, entrenarse bajo fuego.
Vivir bajo la guerra. En medio de ella. Aprender a sortear las balas. Torear la guadaña, escabullirse a la muerte. Entrenarse uno y entrenar a los niños: hijo, si escuchas las balas, si oyes los balazos…
En Culiacán nadie se recupera de una sorpresa cuando se enfrenta a la otra: cada una más cruel y sangrienta, más triste y dolorosa. Sorpresas mortales como forma cotidiana de la vida, en la ciudad donde vivir es un riesgo, un camino filoso y puntiagudo.
Los días finales de abril fueron los últimos de la “normalidad”: esa de uno o dos muertos diarios. Después de eso ya nada fue igual. Ni siquiera de un momento a otro, de un día a otro, de la noche a la madrugada. Balaceras, enfrentamientos, masacres, bazucazos, decapitados, quemados, coches-bomba, policías abatidos.
Cifras y más cifras. Todas hacen un récord en cuanto a números e incidencias. Pero el miedo y el terror no tienen récord. No se puede medir. Los límites se perdieron en el ayer. Son un ejercicio de nostalgia de la sangre habitual. Ahora cada noticia es siempre macabra, inverosímil, alimento para la fatalidad.
En mayo sumaron 120 homicidios. Pero junio lo rebasó con 127. Y julio, con apenas 25 días, la cifra criminal sube y sube y sube al contabilizarse alrededor de 118 ejecuciones. Más de 570 en lo que va del año y eso incluye los 65 agentes de las diferentes corporaciones ultimados a balazos, entre ellos por lo menos diez de la Policía Federal y dos efectivos militares.
De madrugada, un domingo, 13 por cierto, las ejecuciones tuvieron uno de sus más atroces nadires: ocho personas fueron ultimadas a balazos en un céntrico crucero de la ciudad de Guamúchil, en el municipio de Salvador Alvarado, a unos cien kilómetros de Culiacán. Entre las víctimas, tres jóvenes menores de 18 años.
La masacre no tiene explicación. No hubo enfrentamiento ni hay indicios que indiquen que los hoy occisos quedaron en medio de un fuego cruzado entre bandas rivales de sicarios. Nada. Las autoridades de la Procuraduría General de Justicia de Sinaloa no descartan que haya sido un acto para demostrar poder, amedrentar. O tal vez, en el argot macabro de tantos homicidios, hayan buscado “calentar” la plaza.
Por este hecho el Ministerio Público, especializado en homicidios dolosos, inició la averiguación previa 156/2008. El personal de la fiscalía se dedicó a juntar los casquillos. Y a contarlos. Militares y agentes de corporaciones federales y locales hicieron lo que les toca: llegar tarde y contar los muertos, quedarse ahí, atónitos, idos, mirando. Nomás mirando.
Al parecer, las víctimas habían salido de una fiesta a las 01:50 horas y se trasladaban en una caravana automotriz hacia sus casas, cuando fueron atacados por un comando de al menos diez sujetos.
Las víctimas andaban divirtiéndose. Habían salido de una fiesta en la que una de ellas celebraba sus quince años. Y después del guateque seguía la diversión: el “rosalazo”, el rol, la vuelta, el recorrido festivo por el bulevar Rosales.
Y ahí terminó todo para ellos. La fiesta la siguieron otros, los que dispararon, que siguen festejando impunes, ufanos y fantasmales, los días macabros que se extendieron a Navolato, Guamúchil y Mazatlán, después de haber copado Culiacán.
En el centro de Sinaloa y ahora en estos nuevos municipios alcanzados por el narcoterror, suman alrededor de 3 mil elementos entre efectivos militares y agentes de la Policía Federal.
La capital sinaloense luce sitiada. Los militares y federales desfilan en dos, tres y hasta cinco unidades, algunas de ellas artilladas. Instalan retenes, revisan, quitan el plástico del polarizado de los vidrios de los automóviles.
Hay casas cateadas y aseguradas. También ranchos, moteles, inmuebles que funcionaban como casas de seguridad, automóviles –varios de ellos blindados–, dólares, yerba y cocaína.
El 10 de julio, un comando atacó un taller automotriz y ejecutó a todos los que ahí se encontraban: clientes, entre ellos dos catedráticos de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), un menor de edad y varios trabajadores. En la huida, pasaron por la base central de la Policía Ministerial y ultimaron a un comandante y a un agente.
Igual pasó en la colonia 10 de Mayo, donde los agresores intentaron detonar un coche bomba y lograron incendiar tres vehículos y una vivienda. Otra hora de balazos y nadie llegó hasta que se fueron los sicarios.
Pero los malos siguen en las calles. Salen, golpean, huyen y se van. Siempre se van. En el fraccionamiento Rincón del Humaya, en la esquina de Cofre del Perote y Chapultepec, el 13 de julio fue atacada a balazos una casa de seguridad. Desde dentro, sus moradores respondieron. Cerca de cuarenta minutos de intercambio de ráfagas. Más de mil 500 cartuchos y unos 40 homicidas tramados a punta de plomazos.
Los sicarios se carcajeaban mientras disparaban sus fusiles de alto poder. Y dentro de las viviendas aledañas, los moradores se hincaban, temblaban y chillaban detrás de las paredes, bajo las camas, “pechotierra”.
En este lugar fueron encontradas dos granadas de fragmentación, nueve chalecos tácticos de color negro y cuatro fusiles AK-47, conocidos como “cuernos de chivo”. Más tarde, efectivos del Ejército detuvieron a ocho supuestos homicidas, en el fraccionamiento Acueducto III, donde les aseguraron un lanzacohetes ligero M-72, antitanques, un lanzagranadas calibre .40 milímetros, siete fusiles AK-47, dos fusiles M-16, dos granadas .40, mil 346 cartuchos de diferente calibre, un automóvil tipo Honda y una camioneta Cherokee.
Los días siguieron. Y con ellos la sangre. No han bastado los nuevos contingentes de la Policía Federal que han llegado recientemente a Sinaloa ni que este operativo Culiacán-Navolato se haya extendido a Salvador Alvarado y Mazatlán.
En las cercanías de Imala, al oriente de esta cabecera municipal, fueron ultimados dos hermanos. Más de 300 casquillos en el lugar. En Mazatlán un encobijado que según versiones extraoficiales respondía al nombre de Saíd Ismael Haro Bañuelos, de 33 años, a quien se le encontró un recado: “Sigue mandando matar policías, aquí está tu pistolero Chaguillo”.
El turno fue para dos que viajaban en un automóvil Pontiac gris, placas VJJ-2120, durante la madrugada del 25 de julio, en la colonia Buenos Aires: ahí murió Yuval Avilés Acosta, mientras que su acompañante, Abel Beltrán Leyva, fue trasladado a un hospital y perdió la vida minutos después.
Los apellidos Beltrán Leyva coinciden con los del grupo criminal que mantiene fuertes pugnas con la organización de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, pero las autoridades no confirmaron si hay parentesco.
En las cercanías de la comunidad de Bellavista, al poniente de esta cabecera municipal, fue encontrado el cadáver del agente Pablo Aispuro Ramírez, de la Dirección de Seguridad Pública Municipal de Culiacán, quien había sido levantado por desconocidos el jueves.
Sobre el cuerpo había un sombrero de charro y una cobija, además del mensaje “¡SOY EL POLICHARRO! ERA SOY CHARRO Y MOCHOMERO POR ESO ESTOY AQUI SOMBRIANDO !AJUAAA! A Y YO PUSE A MIS COMPITAS DEL C-U- IVA PONER A UNOS CUANTOS MAS PERO NO ALCANSE !ADIOS!”.
El mensaje aparentemente hace alusión a Alfredo Beltrán Leyva, el Mochomo, ex operador del cártel de Sinaloa, detenido en enero pasado por efectivos militares, en Culiacán.
Ese día, la capital sinaloense sumó hasta las 17 horas dos muertos más, ambos en calidad de desconocidos, encobijados, en una zona baldía, en el fraccionamiento Montebello.
En Guasave, en las cercanías de El Burrión, un grupo de pistoleros atentó a balazos contra Jaime Valdez Abitia, director operativo de la Policía Municipal, quien resultó ileso; los agresores, quienes no fueron localizados, lograron impactar la camioneta blanca, modelo 2008 en que iba el jefe policiaco.
Y volvieron los días de mayo. La gente ya no sale a las calles. Antes se habían restringido durante la noche, ahora es todo el día. Evitan acudir a los centros comerciales y en general la vida fuera de sus viviendas y sus centros de trabajo. En la calle, las banquetas, los cruceros, sólo hay balas perdidas, buscando siempre herir cuerpos humanos. La sicosis, las falsas alarmas. Vivir en la guerra, entrenarse bajo fuego.
Como Conchita, que le dice a su hijo de cinco años que no llore, que va a estar bien. Se lo dice cuando oye los tableteos de las ametralladoras. Él arruga el mentón. Llueve en sus pequeños ojos con el ulular de patrullas. Y si vamos en el carro y se oyen los balazos, tú agáchate, tírate al suelo. Yo te voy a proteger con mi cuerpo.
Su hijo, juguetón y tímido, se puso a llorar nada más porque a su mamá la detuvo un agente de Tránsito, una tarde de junio. No hijo, no tengas miedo, esos no hacen nada. Pero trae en esa mirada acuosa el recuerdo del rugir de la metralla bajo su casa, en la esquina. Ahí murieron dos agentes y una persona que circulaba en otro automóvil; seis más fueron heridas. Qué es eso, mamá. Nada hijo, están rompiendo el pavimento.
Se asomó y vio el fuego emanando de los fusiles. Los cuerpos, ensangrentados, tirados en el asfalto. Los carros detenidos, los gritos.
Inés hace lo mismo. Llamó a su hija, a solas. Si escuchas balazos no te asomes ni salgas. El cuarto de la joven da a la calle y su ventana es grande. Afortunadamente su cama está detrás de una de las paredes.
Ella, su madre, le insiste, enérgica: tienes que entender, haz caso, es en serio, pon atención: no te levantes, escóndete bajo la cama, grita, avísame, y si quieres moverte debes hacerlo a rastras, no hincada ni de pie, sino arrastrándote, como los reptiles.
Y si te escondes, si te quieres proteger, venta pa’cá, al cuarto del fondo. También te puedes meter al baño. Te haces bolita.
Entrenamiento bajo balas
Secuencia mortal
Operativos caza fantasmas
Epílogo de una fiesta |