Julio César Beltrán. GUASAVE, 28 de julio de 2008.- Desde la desaparición de Juan Bautista Palazuelos, ex director de la Policía Municipal de Guasave, la corporación quedó acéfala. Como si fuera una maldición a la administración de Jesús Burgos, vertida sobre su gabinete de seguridad; no hay nadie que dure más de tres meses en el cargo.
En los siete meses que va del trienio, han desfilado por la Dirección General de Policía y Tránsito Municipal (DGPyTM) cuatro jefes: el inicial, Carlos Beltrán López, que a pesar de ser el ungido no pasó el examen final del Sistema Nacional de Seguridad Pública, pero Ríodoce evidenció el verdadero motivo del rechazo: el asunto de narco policías en Ahome cuando él fungía como operativo de Seguridad Pública (Ríodoce 263); tras la humillación, lo releva Rafael Gutiérrez, quien sin pena ni gloria pasó por el despacho dejándolo tan insípido como al inicio; tras el asesinato de un joven de Chorohui por parte de dos municipales, la presión aumenta y acelera su salida. Con una maniobra se coloca al capitalino Juan Bautista Palazuelos, que se ganó la simpatía de los sectores productivos, quienes le dieron un voto de confianza. Pero a finales del mes pasado, huyó al centro de la República supuestamente amenazado por el cártel, y lo hizo con el pretexto de “buscar apoyos para la corporación policiaca”. Ya no se le ha vuelto a ver en Guasave nunca más.
Desde entonces Jaime Valdés Avitia, oriundo de Culiacán, quedó a cargo del despacho de seguridad. Finalmente, con la designación del electricista Sergio Quiñónez Anduro como titular de la DGPyTM, evidenciaron la falta de equipo capacitado al interior de la administración pero salieron al paso pues Quiñónez era el único del gabinete que había pasado el examen del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Aunque las cosas siguieron igual, Quiñónez llenaba el requisito oficial, así que quedó como el ornamento y Valdés, castigado por no ser parte del equipo “burguista”, quedó tras bambalinas como jefe operador al interior de la corporación.
La noche del jueves, al filo de las 21:00 horas, el comandante Jaime Valdés fue agredido junto con su patrullero en la unidad “blanca”, cuando seguían un automóvil en el bulevar Colosio, a la altura del OXXO Revolución. Fue un compacto Nissan color tinto que obligó a una persecución, culminando al sur de la ciudad hasta llegar a una zona conflictiva en la comunidad “Los Tesitos”.
El saldo fue de nueve impactos de arma corta sobre la unidad policiaca. Según la voz del agredido, se trata de una pistola calibre .9 milímetros. Para muchos el móvil fue claro: una provocación para cazar al jefe de la Municipal.
Horas más tarde, de día, fuera de su oficina, el miedo toma coraza. Cuatro patrullas de modelo reciente lo escoltan: dos municipales y dos federales; un total de 18 elementos. Nerviosamente acaricia su teléfono, con mirada huidiza, perdida. Dos elementos municipales se acercan celosamente al reportero y al fotógrafo para identificarlos. Finalmente accede a la entrevista, accede a hablar, pero solicita apagar la grabadora.
—¿Cómo se encuentra?
—Bien, gracias.
—¿Se puede estar bien después de un atentado como el que sufrió?
—Bueno, estoy a salvo, mi familia está bien.
—¿Usted está a cargo de la Policía?
—No, es el director general (Sergio Quiñónez Anduro), una persona capaz…
—Para todos es sabido, incluso para sus elementos, que el señor Quiñónez no ejerce; es usted quien tiene la operatividad de la policía…
—Bueno, ese papel nos tocó.
—¿Qué mensaje deja este atentado?
Valdés se pone más nervioso, cambia de pose, frota más fuerte el teléfono móvil y responde:
—Hemos sido ya blanco de la delincuencia organizada, ya no estamos (sic) nadie a salvo.
—Se habló de amenazas que recibió Juan Bautista Palazuelos, que lo obligaron a dejar la Dirección, ¿se están cumpliendo las amenazas?
—Yo ignoro lo que haya pasado con Juan Bautista.
—¿Qué está fallando?
—Todos estamos fallando, la sociedad, la falta de valores.
—¿Y la falta de prevención?
—Eso no es todo, lo que nosotros hacemos es una parte; el otro lo hace la sociedad.
—Después de estos acontecimientos, ¿se queda o se va?
—Está difícil, por lo pronto aquí estoy, es mi trabajo.
—¿Habló con el alcalde Jesús Burgos?
—Sí, ya tuve una conversación con él, dice que me apoya y aceptará cualquiera que sea mi decisión.
—¿Incluso si renuncia?
—Sí, también.
—¿De quién depende su salida, de usted o de su familia?
—De mi familia; ellos temen también, recién acabo de llamarles.
—A pesar de tanta escolta que le acompaña ¿tiene usted miedo?
—Claro que tengo miedo, soy una persona como tú, mi trabajo es de mucho riesgo, incluso el tuyo, debes tener miedo también.
Por su parte el secretario del Ayuntamiento, Feliciano Castro Valle, descartó haber recibido la renuncia de Valdés Avitia, pues “hasta este momento, creo que no ha platicado con la familia, pero quizá cambie de opinión después (sobre su renuncia)”, pero aseguró que el alcalde Jesús Burgos ejercerá sus facultades para actuar en consecuencia de una virtual despedida.
El embajador de Estados Unidos en México, Anthony Garza, llamó a su país a reconocer responsabilidad en la lucha contra los cárteles del narcotráfico que operan en territorio mexicano a riesgo de tener que asumir un fracaso conjunto.
El Senado de la República condenó los actos de violencia suscitados la madrugada del lunes pasado en las instalaciones del periódico El Debate, en Culiacán, Sinaloa.